Saldungaray, una villa serrana con huella arquitectónica

A muy pocos pasos de Sierra de la Ventana, Saldungaray se erige como un lugar para combinar buenas vistas y descanso, en un pueblo serrano bonaerense ideal para hacer una escapada. Ubicado en el partido bonaerense de Tornquist, fue uno de los destinos seleccionados entre los ocho pueblos argentinos que la Subsecretaria de Turismo envió al concurso Best Tourism Villages, organizado por ONU Turismo.

Un poco más de 2.000 personas habitan este pueblo cruzado por el río Sauce Grande, que tiene ribera y deja ver en mucho de sus lugares las huellas del gran arquitecto de las pampas, el italo argentino Francisco Salomone.

Su emblemática arquitectura se ve en algunos edificios y suma atractivos al pueblo. La obra más imponente es el Portal del Cementerio, inaugurado en 1938, que se destaca por su fachada: tiene 23 metros de altura y 43 de frente.

También vale la pena pasar por la Iglesia Nuestra Señora del Tránsito, donde se puede ver la imagen de la Virgen, tallada en madera, en posición de descanso, apoyada sobre almohadones, una imagen que aportó Pedro Saldungaray, quien la trajo desde Europa.

Este pueblo fue fundado por Don Pedro Saldungaray, quien compró los terrenos en los que se ubicó el Fortín Pavón, un sitio relevante durante la Campaña del Desierto. Hoy ese fortín se puede ir a ver (hay visitas guiadas) y los encargados de llevarla a cabo son, justamente, jóvenes del pueblo quienes relatan la historia del lugar.

Para una escapada gastronómica y enoturística, un imperdible es la Bodega Saldungaray y el tambo- quesería familiar Camó Udi.

En Saldungaray vale la pena ir y pasar el día, en caso de que el turista prefiera alojarse directamente en Sierra de la Ventana, aunque en este pueblo que derrocha paz, tranquilidad y un orden que lo ubican en el opuesto de cualquier gran ciudad, también tiene plazas para dormir, desayunar y convivir con sus serenas calles. (DIB)