de Trenque Lauquen
Miércoles 02 de Diciembre de 2020

Por Nicolás Biederman

Para el creador de “Fargo”, “la gente ama a alguien que rompe las reglas para tomar lo que quiere”

El escritor y director estadounidense Noah Hawley habló con Télam sobre el estreno de la cuarta temporada de la serie que cambia de geografía y de época, y viaja a la década de 1950 a la ciudad de Kansas City, en Misuri, donde dos familias criminales viven una tensa tregua.

El escritor, director y productor estadounidense Noah Hawley, mente responsable de cada detalle de la multigalardonada serie de antología criminal y de humor negro “Fargo”, cuya cuarta temporada puede verse en Argentina los martes a las 21 por OnDirecTV, afirmó que ficciones como la suya funcionan porque “la gente ama la idea de alguien que rompe las reglas para tomar lo que quiere”.

“Creo que tiene que ver con cierto deseo que se cumple a través de las vidas de esos personajes que rompen las reglas”, amplió Hawley en diálogo telefónico con Télam.

En 2014 Hawley se acercaba a los 50 años y apenas tenía unos pocos créditos televisivos en programas de grandes canales en los que los ejecutivos le pedían que jugara seguro; que “no corriera riesgos” y se limitara a mantener lo que funcionaba bien.

Todo cambiaría cuando FX le dio carta libre para hacer “Fargo”, en la que expandió e incluso perfeccionó el material fílmico original creado por la película homónima de los hermanos Coen (1996), sus grandes panorámicas heladas de los estados del norte de EEUU, el lado oscuro de las personas, la ambición y el azar como hilo conductor de la existencia.

Le lloverían los premios y los elogios de la crítica, y hasta recibiría un ¿exagerado? mote de “el Stanley Kubrick” de las series, por la forma en que su enfoque de la narrativa, de la imagen y de los efectos especiales empujaban los límites de lo que se consideraba “televisión de calidad”.

El éxito le abrió varias puertas: se dedicó a la literatura -lleva cinco novelas-, creó “Legión”, otra serie elogiada por los especialistas; y puso en marcha varios proyectos entre los que se encuentra una nueva película de “Star Trek”.

La nueva temporada de “Fargo” lo encuentra convertido en más que un mero “showrunner”, o máximo responsable creativo de una serie, y ningún listado que explique por qué la pantalla chica elevó su nivel en las últimas décadas hasta alcanzar estándares antes exclusivos del cine puede dejar su nombre afuera.

La trama de la nueva temporada cambia de geografía y de época, y viaja a la década 1950 a la ciudad de Kansas City, en Misuri, donde dos familias criminales viven una tensa tregua.

La mafia italiana encabezada por Donatello Fadda (Tommaso Ragno) y el Sindicato afroamericano, liderado por Loy Cannon (Chris Rock), disputan cada centavo de los negocios turbios de la ciudad y solo el hecho de que el hijo menor de cada uno vive con el oponente evita el derramamiento de sangre.

T: Pasaron tres años desde la tercera temporada. ¿Por qué tomaste la decisión de volver a “Fargo”?

Noah Hawley: De pronto tuve esta imagen sobre dos familias criminales intercambiando a sus hijos más jóvenes, y sentía que era interesante, que era un mundo tanto dinámico como imposible, y rápidamente se me volvió evidente que tenía que hacerse en ese período de tiempo, en los 50, en un momento en el que tanto el grupo afroamericano como el italiano eran considerados forasteros, intrusos.

T: ¿Qué es lo que te permitía contar esa fuerte imagen del canje de sus hijos?

NH: El intercambio se volvió de una forma en una historia de la asimilación cultural. No solo de cuánto es lo que les cuesta a estas personas fuera de la experiencia americana en convertirse en estadounidenses, sino también cuál es el costo para este niño negro de vivir con los italianos y viceversa, y cómo estas familias tratan a estos chicos que vienen de otras culturas. En la serie uno aprende mucho de la moral de los personajes en base a cómo tratan a los chicos que no son propios.

T: Pese a que esta es la temporada que viaja más atrás hacia el pasado, es probablemente la que se siente más actual, por el protagonismo que tiene la cuestión de la discriminación racial y hacia los inmigrantes. ¿Sentías que este era un momento para dejar asentada una posición sobre el tema?

NH: Eso creo. Se sentía como una forma de comprometerse con el momento que vivimos sin ser obvios, sin referirnos a nada específico de la política actual, y por lo tanto hacer algo que no se sintiera político. Comprometernos con un tema y a la vez recordar que la dinámica de que quien está en el país quiere cerrarle la puerta al que quiere entrar comenzó desde la fundación del país: eso es la definición de Estados Unidos. Era verdadero cuando los irlandeses esperaban la llegada de los italianos en los puertos y les tiraban tomates, y es cierto ahora.

T: Hay varias referencias a “El padrino”, especialmente en la familia de Don Fadda, el mafioso italiano y sus hijos. ¿Fue la película de Coppola una inspiración?

NH: Creo que “El padrino” es una inspiración para cualquiera que haya visto una película, ni hablar para cualquiera que haya intentado contar alguna vez una historia de crimen. Ciertamente, aunque no quieras hacer referencia a otras películas, tenés que saber de ellas. Mientras no estés robando, pienso que lo interesante en la narrativa es crear algo que parta de un terreno familiar para hacer algo nuevo. El espectador cree que sabe lo que va a pasar, porque ha visto “El padrino” o los filmes de los Coen antes, y sin embargo algo totalmente inesperado ocurre y eso crea una tensión, porque está viendo tanto algo nuevo como recordando algo viejo al mismo tiempo. Poder lograr ese efecto es escalofriante.

T: ¿Por qué son tan fascinante las ficciones criminales?

NH: Hay una escena en el quinto episodio en la que un personaje dice “¿Por qué Estados Unidos ama un buen relato criminal? Porque la historia de Estados Unidos es un relato criminal”. No solemos alentar a la víctima de la historia, sino al criminal. Hinchamos por Michael Corleone. Supongo que esto se extiende al público de todo el mundo, y un poco explica el presente que vivimos, y es que la gente ama la idea de alguien que rompe las reglas para tomar lo que quiere.

T: Vivir una fantasía que no se puede cumplir en la vida real.

NH: Sí, pero al mismo tiempo tiene que ser un criminal que no rompa todas las reglas. Necesitamos justificarlos, como “hace esto porque su hijo está enfermo”. Ese instinto de romantizarlos aun a pesar de la evidencia que los señala como personajes inmorales, es una muy peculiar operación psicológica que tenemos.(Télam)

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