de Trenque Lauquen
Jueves 03 de Diciembre de 2020

Cerró el Bar “El Quique”

Nos quedamos sin un pedazo histórico de Trenque Lauquen

Después de 39 años, Enrique Gobbi, propietario del emblemático lugar, decidió cerrar sus puertas. La pandemia y sus problemas de salud lo impulsaron a tomar la decisión. “A mí me duele más que a nadie”, dijo.

La pandemia de Covid-19 que afectó al mundo sin lugar a dudas cambió definitivamente las cosas. Cuando todo pase, ya nada será como antes. Y en nuestra ciudad las consecuencias del paso del virus que tiene en vilo a todo el planeta también se sienten con fuerza. Es que en parte a partir de esta situación entre otras cosas después de 39 años cerró definitivamente el Bar “El Quique”, un pedazo del pueblo.

El bar de “Quique”, durante casi cuatro décadas supo ser el lugar que permitió la alquimia perfecta entre parroquianos avezados en los menesteres de la tradición y generaciones de jóvenes que encontraban en sus rincones el sitio indicado para la práctica de esa actividad a la que llaman “previa”. Ya no habrá mas “tinto” con pomelo. Ni guitarraeadas, ni partidos de truco o billar que vinculen sin “grietas” a vecinos de todas las edades y clases sociales.

Los motivos son simples: Enrique Gobbi, o simplemente “Quique” sufrió en carne propia el Covid, al punto tal que casi pierde la vida de no ser por, según sus palabras, la atención recibida por los profesionales del Hospital Municipal Orellana, durante casi 20 días de internación. Eso, sumado a la situación económica provocada por la pandemia terminó de convencer a este ilustre vecino de que era el momento del final para el bar.

Tristeza

En diálogo con La Opinión, “Quique” aseguró sobre el cierre del tradicional bar: “A mí me duele más que a nadie, son 39 años que estuve ahí y es mi vida. Tuve serios problemas de salud, me aguanté toda la pandemia, se enfermó en grave estado mi mamá, estuve tres meses que la tuve que atender y después cuando empecé a trabajar me enfermé yo. Tuve todo junto, coronavirus, neumonía, que me dejó el pulmón a la mitad, respiro con dificultad, y tengo el corazón al límite; cerré por eso. Y me salvé gracias a la atención de toda la gente del hospital, donde estuve internado casi 20 días y gracias a un tratamiento con plasma me pude recuperar. Pero por los problemas de salud tuve que elegir entre el bar y la vida”.

Historia

Sobre sus comienzos al frente del bar, “Quique”, oriundo de Entre Rios, contó: “Vine a Trenque Lauquen en el año 1979 a trabajar en una empresa de asfalto. Trabajamos hasta el año 1981. Se terminó el trabajo y yo era cliente del bar, que era de Don Pedro Airoldi. Me gustaba el boliche y concurría al lugar, ahí me hice amigo del hombre. Y un día le conté que estaba sin trabajo y me dijo por qué no agarraba el boliche, me lo alquilaba y me prestaba cosas como para empezar. Y me dijo que si podía le pagara y que si no probara dos meses que después se convirtieron en 39 años”.

Tras esto, añadió: “Empece con los muchachos del barrio que se juntaban en el bar y me empezó a ir bien”.

Por el lugar pasaron desde los Indios Tacunau, Jaime Torres y Soledad hasta personalidades del deporte como el ex campeón mundial de boxeo Juan Martín “Látigo” Coggi. Y por supuesto artistas y músicos locales de distintos géneros.

Un museo

Pero “El Quique” no fue un bar cualquiera entre otras cosas por su decoración. Allí se podían encontrar objetos tan disimiles como colecciones de latas, armas antiguas, patentes, llaveros, así como yacarés y pajarracos embalsamados que se ordenaban aleatoriamente por los distintos sectores del lugar. A eso hay que sumarle objetos que son verdaderas piezas clave de la historia del deporte y la cultura local, que alguna vez utilizaron personalidades destacadas.

Todas esas “reliquias”, obsequiadas en su mayoría por clientes del bar, ya no están allí y formarán parte de un museo que Gobbi planea armar en su casa. “Esas cosas las tengo en mi casa. Estoy organizando una especie de museo. Porque son todos regalos de la gente. Vendí algunas cosas, heladeras, el pool, que tuve que vender porque era grande, pero las cosas que me regaló la gente no las vendo”, asegura.

Pero ya no será lo mismo. Al menos para aquellos que alguna vez pasaron por ese rincón de nuestra ciudad donde entre truco y guitarreada, esquivando las mesas y parroquianos, ante la mirada fría de un “pajarraco” embalsamado, se acercaron a la barra para encontrarse con ese hombre grande y bonachón y pedirle “un tinto con pomelo”.

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