Mario Pergolani, casi 40 años dando cuerda y manteniendo en marcha al reloj de la Parroquia

La máquina, que tiene alrededor de cien años, recibe cuerda dos o tres veces por semana con un trabajo manual en el que además se controlan otros factores para que el sistema esté en hora.

Por Martín Ramirez Barrios

Periodista

 

El gran reloj instalado en lo alto del frente de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores es desde hace casi un siglo toda una referencia para Trenque Lauquen, especialmente para quienes transitan por el centro y aprovechan su histórico servicio: el de marcar el tiempo y, con ello, recordarnos muchas cosas, a pesar que la tecnología nos ha llenado de celulares y otras herramientas que llevamos en los bolsillos y nos facilitan todo tipo de información como esta.

La semana pasada hablamos de las campanas de la Parroquia. Y hoy toca hacer honores a otro símbolo de la fisonomía céntrica trenquelauquense.

Colocado en su actual ubicación el 7 de noviembre de 1928, poco se sabe hoy de su origen y su construcción.

Sí se sabe que ha marcado muchos momentos, ha visto pasar gran parte de la historia local, y ha acompañado los más variados acontecimientos.

 

Casi un siglo

Según se indica en el libro “Albergando Fe”, de Ana María Labaronnie, el 31 de enero de 1927 la Comisión Pro Templo Parroquial, presidida por Remigio Logue, y con el Padre José Annunziata como secretario, le solicitó al intendente Félix De Uribarri la colocación de un reloj público.

Se consideraba que el Concejo Deliberante podría decretar su colocación, contándose para tal efecto con un lugar destacado para prestar un servicio a la comunidad, marcando la hora oficial, algo muy útil para oficinas y gremios, ofreciendo la ventaja de que anunciaría ciertas horas con la campana de la torre. Todo esto en tiempos en los que no muchos podían acceder a un reloj personal, y los celulares estaban lejos de existir.

Aquella comisión destacó que no podía ocuparse de la adquisición del reloj, ya que estaba enfocada con sus inversiones a las obras del propio templo, y destacaba que el reloj era algo más de interés para el Municipio que para la Iglesia.

Finalmente el reloj fue donado por Luis Brussau, en memoria de su madre Leonidas B. de Brussau. Y quedó colocado el mencionado 7 de noviembre de 1928 por dos operarios técnicos.

 

Remodelación

Pasado un tiempo, el reloj dejó de funcionar. Estuvo muchos años parado. Y volvió a ponerse en marcha el 24 de diciembre de 1984, tal como lo recuerda Mario Pergolani, quien desde aquel entonces se encarga de darle cuerda regularmente para mantenerlo en funcionamiento.

Pergolani cuenta que se había terminado una obra de reparación de la Parroquia tras el tornado del 7 de marzo del mencionado año, fenómeno que había afectado más de 400 tejas del templo.

Se constituyó una comisión para restaurar el histórico edificio y se aprovechó eso para devolverle al templo la imagen que tenía previo a una anterior reforma, retirándose incluso un importante mural, obra de María Pereda, el cual lamentablemente no se pudo retirar completo ya que estaba hecho en azulejos, los cuales no pudieron sacarse enteros.

Además se repusieron las más de 400 tejas afectadas, parte de un techo construido en la década de 1920, tras un arduo trabajo de búsqueda de estos productos de techado, que para ese entonces no se fabricaban más. También se remplazó con alambre de cobre la atadura de las 12 mil tejas de todo el techo. Y complementando estos trabajos edilicios se obró para poner en funcionamiento nuevamente el reloj.

 

Tarea manual

Pergolani destaca que para la tarea de poner en marcha la vieja maquinaria, tras muchos años parada, el relojero local Héctor Luis Colla, y Héctor Omar Colla, desarmaron completamente el reloj, lo limpiaron pieza por pieza, engrasaron varias partes, pintaron las pesas que hacen funcionar el péndulo, y el 24 de diciembre de 1984 el sistema comenzó a caminar nuevamente.

Desde esa fecha Mario es el principal encargado de darle cuerda al reloj, un trabajo que realiza manualmente de dos a tes veces por semana.

“La cuerda dura un poco más de seis días y medio. Pero resulta conveniente darle cuerda más seguido para evitar el esfuerzo que demanda el trabajo”, explica quien cada vez que se aboca a la tarea sube unos 47 escalones y, además de dar cuerda, pone el reloj en hora, si es necesario, y acondiciona diferentes detalles que pocos más que él conocen sobre el funcionamiento del sistema, como por ejemplo la influencia de la temperatura ambiental sobre las piezas de metal, que se expanden con el calor y retrotraen con el frío, algo que obliga a una regulación con un pequeño movimiento de una tuerca especial ubicada en el péndulo que ayuda a que se mantenga el ritmo de marcha. Para esta tarea, a veces hay que sacar el péndulo, una tarea no tan sencilla ya que esa pieza pesa aproximadamente 25 kilos.

La cuerda se da mediante una manivela que, a través de poleas, levanta las varias pesas de 120 kilos que tiene la maquinaria. Si el reloj está totalmente sin cuerda, tiene para dar unas 120 vueltas a esa manija, estimándose que para la cuerda de un día se deben dar unos 40 segundos de vueltas de manivela.

N Problemas y soluciones

“El único problema que pueda haber es que se detenga por falta de cuerda. Y eso se puede resolver de tres maneras diferentes”, señala Pergolani, añadiendo que esto puede ser, o esperando a que sea nuevamente la hora en la cual se detuvo para ponerlo en marcha otra vez en ese momento tras darle cuerda; desconectarle el mando de las agujas, algo incómodo porque requiere de trabajar entre los hierros de una escalera; o desconectando, además del mando, también el péndulo y haciendo mover los engranajes del segundero, el minutero y la aguja horaria para que caminen más rápido, otra tarea no tan sencilla porque desde adentro del sistema no se ven con claridad las agujas en el exterior del edificio religioso.

Estas situaciones han ocurrido muchas veces. Y el reloj ha estado parado por tiempos breves. En esos momentos se ha trabajado con apuro para solucionar todo.

Y cabe también aclarar que Mario tiene diferentes personas que lo han reemplazado cuando él no ha podido hacer el trabajo, por no estar en la ciudad, por ejemplo, entre ellos están Godofredo Jonas, Carlitos Tur, Alejandro Palomeque y Machi Torres.

 

Reloj para rato

Por último, Mario dejó en claro que hay reloj para rato. “Esas máquinas son casi eternas. Sólo hay una pieza que es sumamente delicada, por ser de un material muy fino y flexible, y es la que lleva colgado el péndulo, una pieza que se va moviendo y es el alma del reloj”, explicó.

Entre tantos celulares, las prisas del horario de oficina en el centro de la ciudad, los momentos de descanso de fin de semana en la Plaza San Martín, los eventos multitudinarios en la Villegas y quién sabe cuántos y qué acontecimientos más, este reloj seguirá con su marcha constante.