Luciano Arruga, el joven que le dijo no a la Policía y la deuda eterna de la Justicia

Estuvo desaparecido 5 años, 8 meses y 17 días. Murió atropellado. Pero la familia siempre apuntó a la Policía porque lo hostigaba para que robe para ellos. El joven de 16 años siempre se negó.

Luciano Arruga tenía 16 años y 1,50 pesos en el bolsillo cuando salió de su casa de Lomas del Mirador, partido de La Matanza, en horas de la noche del 30 de enero de 2009. Nunca regresó. Y sólo después de casi seis años, su cuerpo fue encontrado e identificado tras permanecer enterrado como NN en el cementerio de la Chacarita. Toda una triste historia de aprietes de la Policía, un accidente de tránsito y una muerte que continúa rodeada de interrogantes.

Luciano salió de su casa en el Barrio 12 de Octubre cerca de las 21 horas de ese día de verano, supuestamente para encontrarse en una plaza con amigos. Luego se separó de ellos para ir a un ciber de la zona. A partir de allí, no se supo nada más de él.

Su familia empezó a buscarlo alrededor de la madrugada del día 31, luego que su mamá, Mónica Alegre, se preocupara porque el joven no volvió a la casa. Si bien pensaron que por ahí estaba con amigos, la memoria encendió la alarma. Es que unos meses antes, en septiembre de 2008, a Luciano lo habían detenido por más de 10 horas en la cocina del Destacamento de Lomas del Mirador. Allí fue salvajemente torturado. Y tras eso, lo persiguieron y humillaron de manera sistemática.

Los primeros meses de búsqueda fueron de soledad absoluta. Los familiares recorrieron hospitales, morgues, patearon puertas y nadie los escuchó. El 5 de febrero, Vanesa Orieta, su hermana, presentó un Habeas Corpus, pero fue rechazado por el Juzgado de Garantías N°5, a cargo del Juez Gustavo Blanco y la fiscal Roxana Castelli. En marzo, Hugo Pimentel, integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, recibió a Vanesa por primera vez. Allí hubo algo de movimiento en la causa y al menos se desplazó a la fiscal, a la que acusaban de distraer el expediente y delegar la investigación en la Policía, de quien la familia tenía todas las sospechas. Es que denunciaban que los efectivos lo atacaban por haberse negado a robar para ellos.

Un largo camino

Su hermana contó en más de una oportunidad, cuando las cámaras empezaron a darle visibilidad, que a Luciano le habían ofrecido armas, autos y dejarle “zonas liberadas” para que cometiera robos bajo “protección” policial. Dijo que como se negó, comenzaron a detenerlo, golpearlo, atormentarlo.

En julio de 2009 tras una pericia se determinó que los libros de detenidos que llevaba la dependencia estaban adulterados. Y curiosamente (o no), en diciembre cuatro personas murieron allí durante un motín e incendio, lo que terminó de borrar cualquier tipo de posibles pistas.

Mientras que Naciones Unidas pronunciaba su preocupación por la desaparición forzada de Luciano y la falta de respuestas de la Justicia, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) comenzó a intervenir en la causa y en 2011 se cerró el cuestionado destacamento policial, que pasó a ser un espacio cultural y de memoria.

En 2013, la investigación pasó al juez federal de Morón Juan Pablo Salas, y cambió de carátula para transformarse en “Desaparición forzada”. Además, varios oficiales, muchos de alto rango, fueron pasados a disponibilidad.

Pero todo cambió el 17 de octubre de 2014, cuando el cuerpo de Arruga fue encontrado enterrado como NN en el cementerio de la Chacarita. Habían pasado 5 años, 8 meses y 17 días. Ahí se descubrió que el joven había muerto atropellado.

Volver en el tiempo

Para entender lo que pasó con Luciano, hay que retroceder en el tiempo hasta aquel 31 de enero de 2009. A las 3:21 de la madrugada, el joven fue atropellado en General Paz y Emilio Castro, en Mataderos. Cruzó corriendo y un auto impactó sobre su humanidad. Para la familia, eso pasó mientras era perseguido por policías de Lomas del Mirador.

Como consecuencia del accidente fue trasladado al hospital Santojanni donde falleció. Sin embargo, por esas horas la familia pasó por el nosocomio, pero las autoridades dijeron que solo había un hombre que había sido atropellado, pero que tenía entre 25 y 30 años.

Dado que no tenía identificación y, supuestamente, nadie reclamaba su cuerpo, fue derivado a la morgue como NN, donde permaneció tres meses hasta que fue enterrado en la Chacarita. El conductor que lo atropelló fue procesado, pero al tiempo quedó sobreseído.

¿Avances en la causa? ¿Culpables? Poco y nada. Sólo el 15 de mayo de 2015 se condenó a diez años de prisión al ex policía bonaerense Julio Diego Torales por considerarlo autor de las torturas que recibió Luciano en la detención de 2008.

Al cumplirse una década del hecho, se estrenó el documental “¿Quién mató a mi hermano?”, dirigido por Lucas Scavino y Ana Fraile, donde desde la visión de Vanesa se narra la historia de Luciano, que a quince años sigue siendo una herida abierta. (DIB)