La vecina de mi madre

La historia de Isabel Font, la primera mujer que piloteó planeadores en Trenque Lauquen.

Por María Virginia Rubio
Escritora
Isabel, la vecina de mi madre parecía una mujer muy común, muy de su casa, como se decía en esa época. No recuerdo qué edad tendría cuando la conocí, pero no la frecuenté hasta que yo también fui abuela.
Casada con un amigo de mi tío Pepe, la vi algunas veces durante mi infancia. Siempre reservada o tímida, secundando a su marido; sólo recuerdo su risa muy sonora y contagiosa, pero no mucho más.
En mi adolescencia nos mudamos a la casa contigua a la suya. Tampoco la traté demasiado, pero como mis hermanos menores le rompían las plantas con sus pelotazos o molestaban con sus gritos y diabluras, la recuerdo con el ceño fruncido reclamándoles que se comportaran. De a poco mi madre trabó más relación con ella y en algunos cumpleaños nos mandaba de regalo unas riquísimas ensaimadas mallorquinas que cocinaba como nadie.
Pronto me fui a estudiar y las ensaimadas quedaron entre los dulces recuerdos.
Una auténtica feminista
Ya abuela regresé a mi pueblo y, desde la adultez, comenzamos a conversar con Isabel en las tardecitas de verano, cuando salíamos a tomar fresco a la vereda.
Y descubrí una mujer muy decidida, firme en sus creencias y con anécdotas increíbles. Recuerdo aún la sorpresa que me produjo cuando en uno de sus cumpleaños le pregunté cuántos eran, y con una coquetería que le desconocía, me contestó: _ “No le digas a nadie,…son 90…”. No los aparentaba en absoluto, siempre independiente, ágil, ocupándose de los trámites bancarios, de su casa, de su marido y de los enormes rompecabezas que armaba en las frías jornadas de invierno…
Pero mucho más sorprendida quedé aún, cuando en otra de nuestras charlas de vereda me dijo como algo sin importancia, que sabía pilotear planeadores ya que había sido la primera mujer que lo hizo en Trenque Lauquen, nuestra ciudad.
Esto sí que despertó mi curiosidad y quise averiguar más de esa otra vida que nadie podía imaginar detrás de su aspecto sencillo y reservado.
Lamentablemente la enfermedad de mi madre me quitó la posibilidad de continuar las charlas. Y poco después también Isabel falleció. Pero ahora sí me dediqué a buscar datos de su vida, y visité a Marta, su hija, quien me confirmó lo que ya conocía y aumentó con sus datos la admiración por una auténtica feminista en aquellos años de su juventud, cuando ni se sabía qué era eso.
Pilotear planeadores
Isabel Font nació en Carlos Casares, ciudad distante a 180 kilómetros de mi pueblo, el 14/9/1921. Hija de una c
atalana y un mallorquín, de jovencita se destacó por coser muy bien y tenía nutrida y selecta clientela, además de dar clases de costura.
A los 18 años conoció al trenquelau-quenche de 20 años que pronto sería su esposo.
Mujer decidida, de iniciativas que siempre concretaba. Pese al sometimiento que aún tenía la mujer por esos años (1938) y lo conservador (hoy diríamos patriarcal) que era su novio, cuando planeaban el casamiento ella con total firmeza exigió tener un “sueldo como esposa, porque estaba acostumbrada a disponer de su propio dinero sin rendir cuentas a nadie”. Y lo consiguió.
Tuvo dos hijas a cuya crianza se abocó, sin descuidar la solidaridad silenciosa (que no era caridad sino algo mucho más profundo) con aquel que lo necesitara. Integró por muchos años la cooperadora de la escuela de sus hijas y otras actividades de las damas del pueblo pero, insisto, sin hacerse notar.
El aspecto que ya comenté y más despertó mi interés fue pilotear planeadores.
Su esposo, mi tío y otros visionarios del pueblo, fundaron el Club de Planeadores. Y ella los acompañó mucho más de lo que lo hicieron las demás esposas.
Aprendió a pilotear y voló varias veces en el “Sulky”, emblemática nave del Club de Planeadores local. Y dicen que lo hacía muy bien.
Acompañó a su esposo al Campeonato Mundial de Vuelo a Vela que se desarrolló en Alemania, en agosto de 1952. Y si prestamos atención a las fotografías de esos momentos, veremos que está con él y con el grupo de pilotos argentinos, pero vistiendo pantalones, seguramente cosidos por ella misma, ya que en esa época las mujeres no los usaban, al menos en una ciudad tan pequeña y conservadora como la nuestra.
En ese Campeonato participó Hanna Reitsch. Única mujer que voló y ganó medalla de bronce. Aunque tal vez su nombre lo recordemos más por la sospecha nunca demostrada, ni negada por ella, de que sacó a Hitler y Eva desde Berlín en su planeador para salvarlos.
Nunca dejó de estar conectada a los planeadores y más tarde a los aviones, ya que su esposo, junto con otros amigos (entre ellos mi tío Pepe Mayo) fundaron el Aeroclub de Trenque Lauquen.
Cuando volví a casa, caminando, luego de entrevistar a Marta, su hija, pensaba en cómo nos engañan las apariencias… ¿Quién hubiera imaginado que Isabel, la vecina de mi madre, había sido una pionera del vuelo a vela femenino en mi ciudad? Y de cuántas cosas más que tal vez su hija no se enteró y quienes lo supieron ya no se lo pueden contar…