Juan Pablo Añino: Muta el cristal

Semblanza escrita por Pablo Semadeni.

Por Pablo Semadeni

Escritor

El 17 de marzo falleció Juan Pablo Añino en la ciudad de Trenque Lauquen. Tenía 57 años.

Juan Pablo Añino había nacido en 1966 en el Instituto San Martín de Tours, en Buenos Aires. Más tarde se trasladó a residir a la ciudad de Mar del Plata, en donde se graduó como Bachiller en el Colegio Nacional Mariano Moreno. En esta ciudad y cuando era muy joven comenzaron a conocerse sus acciones poéticas y artísticas en la Peatonal, junto con otras personas que alertaban sobre la contaminación de las aguas del mar, disfrazados para tal efecto.

En el Colegio Nacional Mariano Acosta, asimismo, fue director de la revista estudiantil “Vertiente”, cursando un año de la carrera de Psicología en la Facultad en donde asimiló gran parte de su andamiaje teórico. También en Mar del Plata se recibiría como técnico apicultor, actividad que mantuvo durante varios años.

Juan Pablo Añino fue un asiduo viajero, siempre que pudo. Visitó El Bolsón, Bariloche, Córdoba, Catamarca, Chaco, Salta, Jujuy y Misiones. Algunos países del extranjero que conoció fueron Estados Unidos, México, Perú y Bolivia, significando los viajes para él una gran escuela de vida y de aprendizaje.

Añino se inició en el mundo de las letras de manera precoz, comenzando con libros infantiles y de aventuras, la conocida colección “Robin Hood”. También le gustaba escuchar poesías de tradición oral, por ejemplo el conjunto “Pro Música de Rosario”, Nacha Guevara y María Elena Walsh. De las vanguardias europeas recaló sobre todo en Mallarmé, Baudelaire y Apollinaire, sumergiéndose también en el mundo de la ciencia ficción y de las revistas, siendo lector de las revistas Mutantia, Humor y Crisis.

En una entrevista que me concedió Añino reconoció en Julio Cortázar su principal influencia literaria, a la vez que Milan Kundera, Eduardo Mallea y Octavio Paz eran autores que siempre recordaba. Con todo este bagaje y con su vida (recordemos que a lo largo del tiempo irá sufriendo diversas internaciones psiquiátricas) fue conformando su original mundo creativo, que se expresaba en la poesía, la prosa, el dibujo (cursó estudios de Bellas Artes de manera esporádica) la creación de juegos de mesa y de caleidiscopios. Un mundo lúdico y experimental que sostenía paralelo a sus profundas indagaciones estéticas y espirituales.

Juan Pablo era hijo del Doctor Añino y de Teresa Briozzo, familias con profundo arraigo y reconocimiento en Trenque Lauquen.

En nuestra ciudad desde el año 2001 impulsó el movimiento “Literatura en la calle”, que procuraba acercar a los autores al público lector. En mi caso tuve el placer de publicar algunos de sus escritos en la revista El OjO, y también una Antología poética, habiéndose editado hace poco su novela (Correspondencia del idiota) mientras tenía en preparación una selección de sus cuentos.

La producción poética de Juan Pablo Añino comenzó en la década de 1980, expandiéndose como un ovillo hasta el presente. Añino fue un poeta que ha trabajado y escrito para salvarse, reflejo de una profunda resiliencia y en donde la poesía aparece como un conocimiento que salva.

La poesía de Añino está signada por una sorpresiva combinación del lenguaje, por hallazgos y neologismos de notable originalidad. Sus indagaciones lo llevaron a una especie de conocimiento poético, a una ciencia difusa que trastoca los sentidos. Sin duda, numerosos exilios y ausencias alentaron este florecimiento, apareciendo en esa geografía personal Dios, la mujer y las palabras que nombran. Es una poesía que nace del sacrificio y de una torsión existencial, de una purificación y que al fin revela una espléndida cura. Entonces, el poeta es un médium, une “rastros de una cronología dispersa”, aparece ante el lector deslocalizado y ubicuo, puede hablarnos desde una remota aldea, desde una ciudad o en comunión con un parque. Es fruto del crisol y de una mutación de cristales, por lo que su poesía es genuinamente universal y no queda enmarcada en un contexto localista o meramente regional. Así al menos se refleja en sus poemarios más bellos y fértiles, que tuve la oportunidad de editar, entre ellos “Fragmentos de un todo inconcluso”, “Rastros de una cronología dispersa”, “Muta el cristal” y “El archipiélago de la mariposa”.

Juan Pablo Añino es un tesoro oculto a la espera de sus lectores. Un cristal que resplandece. En sus palabras.

Hereje de palo y astilla.

Roto Mesías de la Luna.

Caes en tu propia mente, difusa traición.

Caballero de estopa,

pacotilla de salvación diurna.

Vuelve a dormir tu sueño

de estrellas vacías.

No eres nadie sino tú mismo.

Y a eso yo lo llamo Dios.

Si Dios no es Dios

y eres tú mismo disfrazado

¿no serás tú mismo disfrazado Dios?