Jorge Sierra Lobos y su huella en la cultura trenquelauquense

Cálido recuerdo

Entrevista de Pablo Semadeni publicada en el OjO, Número 7, Junio 2018.

Estamos con un viejo amigo de mi infancia. Jorge, viniste a Buenos Aires para ver el recital de David Byrne en el teatro Gran Rex y también me enteré que estuviste sacando fotos de ese evento y de la ciudad. Pero bueno, vayamos al grano.

Hace ya mucho tiempo que sos responsable de un espacio cultural y de encuentro en Trenque Lauquen, ConSuLado. ¿Cómo nació esa aventura, a partir de qué necesidades propias y del contexto?

El espacio nació en el otoño del 2001, seguido a la crisis económica. Anteriormente trabajé con mi padre dos años en Pehuajó, en el rubro pizzería-restaurante, que finalmente quedó a mi cargo, me sentía algo incómodo por lo clásico del lugar y modifiqué un poco el ambiente. Se fundió cuando empezó a decaer la economía y yo me llevé parte del mobiliario a Trenque Lauquen, mi ciudad natal, donde la casa de mi abuelo materno, ex “Consulado de la República del Paraguay”, se encontraba deshabitada. Inicialmente iba a ser un lugar para depósito pero la familia se acopló a la idea y armé ahí mi proyecto. El nombre es una insinuación familiar, que se llamara Consulado, que yo varié intercalando letras mayúsculas; ConSuLado. Un ardid sonoro al reconocimiento familiar y a la tradicional del lugar pero con diferente impacto visual.

¿Cómo fueron los primeros tiempos? ¿Qué experiencias fuiste desarrollando?

La casa estaba abandonada y en malas condiciones, debí empezar de cero, conectar luz y agua, acomodar un poco e improvisar situaciones. La base era vender bebidas y pizza, que sigue siendo así hasta hoy en día y con una musicalización diferente, más enfocada hacia el underground local. Una vez en marcha se organizaron varios eventos, se fueron proyectando diversas artes. Te cuento una anécdota: la “Fiesta de la oveja”, que consistía en meter ovejas en el bar para compartir una noche y eso terminó mutando a una foto de Kafka con una oveja en un afiche. Tomás Arribillaga estaba como actor del monólogo, había intermedios donde yo tocaba la guitarra y cantaba y además me acompañó Luciano Maiza con el violín. Pablo Reyero (un gran artista amigo) improvisaba con unas imágenes. Había puesto unas diapositivas dobles rellenas con alambre y pintura fresca, lamentablemente levantaron el calor del foco y a mitad del evento se quemó. Fue muy loco porque Tomás Arribillaga publicó el evento en el diario y se llenó la sala con gente de la cultura de Trenque.

Esto era una primera etapa de un arte más improvisado, pero con la gente que venía al bar fuimos cambiando las normas de lo que llamamos entretenimiento o espectáculo. Por ejemplo, hicimos dos actuaciones de la misma banda en un mismo día, algo que no era común, y también ferias en el patio con artesanos y siempre rondando entre lo bizarro y lo experimental. Anunciamos a la “Mujer Maní” y al “Profesor Cedri”, que enseñaban a hacer té de hierbas y diferentes salsas para untar el pan. A continuación, posterior a la tragedia de Cromagnon, se empezó a poner más difícil el tema de organizar y promocionar las bandas de música, así como otras expresiones. Había mucho miedo en la política y cada vez se iban endureciendo más las reglas para funcionar de esa manera.

Yo presencié algunas movidas en ConSuLado; un ciclo de cine, recitales, instalaciones. ¿Cómo se fue articulando todo eso con el ámbito local?

Hubo una segunda etapa, quizá la que se marcó más en la gente, tipo fin de semana y con disc jockey. Víctor Miranda venía de la Capital Federal, ahí trabajaba musicalizando lugares como “El Living”, ”Todos por el Fútbol ” y recién llegaba de Italia. Víctor movía los sábados trasnoche y yo me fui haciendo de elementos para sostener el resto de los días. Ahí hubo cambios en la estructura arquitectónica sólo para desarrollar esa actividad. Mi objetivo era juntar medios y obtener la habilitación para desarrollar aquel arte más acorde al de los comienzos.

¿Cómo pensás que es hacer cultura en Trenque Lauquen, una ciudad del profundo Oeste Bonaerense. ¿Cómo ves la cuestión cultural, qué potencias y límites tiene?

Bueno, un abanico de brotes posibles al crecimiento. En paralelo las ideas las va absorbiendo el medio social, generalmente se estandarizan y el concepto pierde fuerza. Si me centro en el estilo de mi instinto, la lucha es remo a remo. De allí que muchas veces dan ganas de ir a una ciudad con infraestructura minimalista donde el enfoque sea mejor. Muchos emprendimientos se basan en un afán económico, no ofrecen demasiada propuesta  creativa.  pero lo cierto es que logran dividir al público y ahogar a los espacios con estas tendencias. Trenque Lauquen, en estos últimos tiempos, creció mucho demográficamente pero en mi opinión con una frágil raíz en la cultura y en sus fuentes.

Vos sos un cultor de la noche y un gran anfitrión en tu bar. ¿Qué esfuerzos demanda sostener esas noches, todas esas relaciones, ese humanismo que vos tenés?

Lo grosso de la cuestión es que hay que ser abierto y respetar a cada persona, estén donde estén enmarcados socialmente. Podría ser lo más importante no cambiar bruscamente el rumbo porque es ahí donde la gente se siente contenida.

Precisamente y hablando sobre rumbos, me contaste que vas a comprar una consola nueva, que estás lanzando por Internet la frecuencia “Radio Bar” y también que seguís pensando en los recitales. Pero además sos un indagador de la Pampa en tus viajes en moto y en automóvil, escudriñando el paisaje, observando y comprendiendo, como hizo en su momento Ezequiel Martínez Estrada en su Radiografía famosa.

Bueno, tuve que ampliar la base, sobre todo geográfica y humana de los lugares vecinos a Trenque Lauquen y aún más lejanos, hace poco hice viajes al sur y al norte, y de esa manera ya no sólo se pertenece a Trenque Lauquen sino que te sentís más incluido en lo natural del paisaje. Una especie de nuevo horizonte, quizá Internet y la comunicación marquen los nuevos rumbos, pero siempre respetando y tratando de seguir la interacción y las expresiones de y con la gente, apreciando y compartiendo con amistades, realmente un obsequio de la vida.

¿Querés agregar algo más?

Quiero reconocer a la ciudad y a toda la gente por el espacio que me ha permitido ocupar. Dar gracias a los comienzos, allá por el 85 y el 86, donde era más sencillo tender lazos con los personajes tradicionales y culturales de la zona. Los invito y espero  encontrarlos pronto en ConSuLado BAR.