Gerónimo Garré: el impulsor de un pueblo que hoy lleva su nombre, aunque él no llegó a saberlo

El libro “Tres Nombres para mi Pueblo, Garré”, de Deli Llarena, reúne historias de esa localidad y memorias de su gente. Aquí una parte de esa rica historia, gracias al aporte de la autora.

En 2011, Deli Llarena publicó el libro “Tres Nombres para mi Pueblo, Garré”, con una serie de textos sobre historia, memorias vecinales y palabras sobre el pasado y presente de Garré, la localidad ubicada entre los distritos de Trenque Lauquen y Guaminí. Y en la obra se destaca la historia del impulsor del pueblo, Gerónimo Garré.

Hablamos de un inmigrante italiano con una historia de vida muy interesante, que hizo un gran aporte para la conformación de la localidad y luchó para que la misma lleve su nombre. Aunque este último anhelo recién se cumpliría después que él falleciera.

 

Desde Liguria

Cuenta el libro que en la comuna italiana de Savignone, de la región de Liguria, en casa de la familia Garré, nace Girolamo el 24 de diciembre de 1854. Según consta en el certificado de nacimiento y bautismo, llevado a cabo en la parroquia de San Bartolomeo di Vallecalda, sus padres eran Giuseppe Garré y Cattarina Granara.
Era una familia con varios hijos, dedicados los padres a los trabajos rurales. En tanto, las transformaciones económicas y políticas que vivía Italia sobre 1860 afectaban profundamente a la población rural. No había familia que no se viera perjudicada por la crisis. Eran años difíciles en los que muchos italianos comenzaban a mirar hacia otros horizontes en busca de un mejor porvenir.

Antonio Garré, primo de Girolamo que vivía en el vecino pueblo de Casella, había estado informándose sobre las características de Argentina. Luego de vacilar y debatir internamente entre el emigrar o quedarse, decide venir para América, acompañándolo en esa decisión sus primos Esteban y un joven Girolamo, de 14 años.

Marcados por el esfuerzo, los sueños y la esperanza de alcanzar una mejor calidad de vida, dirigieron su mirada hacia las codiciadas tierras americanas. En esos años el gobierno argentino había adoptado una interesante política respecto al tema inmigración. Se realizó la apertura de agencias de propaganda en algunos puntos de Europa. Y en ellas se difundían las bondades de estas tierras, fomentando la inmigración.
Esteban y Gerónimo subieron a un barco de velas junto a su primo Antonio, con la ilusión de convertirse algún día en propietarios de una parcela de campo. Eran de profesión “contadinos” agricultores, trabajadores de la tierra en su Italia natal. Un trozo de terreno para el cultivo era la idea suspirada que los embarcó en la gran aventura. Soñaban con traer al resto de la familia y también a coterráneos con aspiraciones de progreso.
En 1868, después del largo viaje en un bergantín de dos palos y velas reparadas más de una vez, esperaron a que la marea bajara para poder atracar a un precario muelle. Con los pies vacilantes, ropas, atados y modestos baúles, pisaron la planchada y caminaron por el largo desembarcadero. Los bártulos amontonados sobre un sector y una multitud de personas vociferando en diferentes idiomas le daban al lugar una energía desconocida por ellos. El viaje había finalizado. Gerónimo, su primo y hermano ya estaban en la tierra de promisión que cobijaba a los inmigrantes.

 

En Buenos Aires

Como tantos otros venidos desde distintos lugares de Europa, fueron alojados en el “Hotel de Inmigrantes de la Rotonda”, que funcionó hasta 1911, estando ubicado en el lugar que hoy ocupa la estación Retiro del Ferrocarril, ya que en esos años llegaba el río hasta ahí.

Luego de unos días y bajo ese primer techo que los albergó, brotó en ellos el anhelo de poder conseguir un trabajo bien remunerado para ir conociendo de a poco las posibilidades reales que este país ofrecía.
Gerónimo, habiendo cursado estudios elementales en Savignone, al llegar a este país comenzó a trabajar en una finca donde criaban animales para faenar y comercializar; allí comienza a conocer el panorama productivo del país.

Pero a este joven inmigrante italiano, de una despierta y ágil inteligencia, la vida en tierra americana lo va transformando en una persona emprendedora, culta y muy segura de sí misma. No pasaron muchos años para que decidiera dedicarse al comercio ganadero en forma independiente. Se inició en la compra y venta de hacienda, llegando a ser por su indiscutible pericia, uno de los más grandes compradores de ganado en la provincia de Buenos Aires, y desarrollando esa actividad en tiempos en que la población de campaña tenía que luchar contra frecuentes malones.

 

En el Oeste

Con los años Gerónimo llega a adquirir a partir de sus ahorros tierras en el Cuartel 4° del partido de Pehuajó, a 4 leguas del pueblo homónimo. Es así como en 1879 fundó la estancia “La Esperanza”.
Ese nombre, “La Esperanza”, representaba el sueño que de pequeño había acariciado en familia y se hacía realidad en la tierra elegida.
La estancia fue creciendo con un significativo desarrollo del sector ganadero. 3.000 cabezas de ganado vacuno, 600 yeguarizos y 1.200 lanares de raza Lincoln, potreros con alfalfares y tambo para la elaboración y comercialización de crema, daban paso a la producción.
Su trabajo por la producción ganadera lo acercó a la Sociedad Rural Argentina de Palermo, de la cual fue miembro cuando el siglo XX se iniciaba.

 

Familia
En 1882 se casó con Angela Devoto, con quien tuvo 7 hijos, los que fueron llegando de a poco. El primogénito, Esteban Gerónimo, nació en 1883; luego Ángel José en 1885; Juan Cecilio en 1887. La primera mujer, María Angélica, nació en el año 1888 y la siguió el cuarto varón, Héctor Eduardo, nacido en 1891. María Esther nació en 1893 y la más pequeña de todos, María Teresa, nació en 1897.

Don Gerónimo era una persona culta, dinámica, activa, afable, cariñosa, de acendrado espíritu cristiano, con grandeza de alma y respondiendo siempre al llamado del pobre. Bien vestido y con bigotes a lo “kaiser”, su castellano por momentos dejaba traslucir la lengua natal.

En Guaminí

En 1891 adquiere un lote de 1.347 hectáreas en el distrito de Guaminí, campo al que con los años le impuso el nombre “Las Tres Marías”. La Zanja de Alsina separaba sus tierras de las del político Victorino de la Plaza.
El círculo social y político en el que se movía, no le permitía estar ajeno al significado que tenía para el país la inmigración y la colonización en ese momento clave que fue el comienzo del siglo XX.

Esa porción de tierra adquirida en el partido de Guaminí lo animó a enviar al Ministerio de Obras Públicas, en agosto de 1911, un proyecto para la creación de un pueblo junto al sector donde recientemente fuera ubicada la estación del kilómetro 462 del Ferrocarril Compañía General Buenos Aires, aún sin inaugurar, y una colonia agrícola, en su campo, aledaño a la misma. Eran tiempos de fuerte inmigración y en su cabeza rondaba la idea de traer paisanos de su Liguria natal que no lo estaban pasando lo suficientemente bien allí en Italia. El proyecto solicitaba que ese núcleo poblacional llevara su nombre ya que donaría tierras para la construcción de edificios públicos y favorecería la colonización. En ese momento la compañía ferroviaria estaba realizando el trazado de la línea Patricios-Salliqueló, Meridiano V.
El proyecto de Garré fue apoyado mediante sus firmas por Plácido Fernández Rogel y Francisco Zubillaga Sangronis, comerciantes ya instalados en el lugar.
El mismo fue aprobado parcialmente. Aceptaban la creación de un centro poblacional pero no la imposición de su nombre para el nuevo pueblo. El Departamento de Ingenieros de la compañía francesa aludió que había elegido para esa estación el nombre del físico francés que tanto había hecho sobre finales del siglo XVII por el desarrollo de la máquina a vapor: Denis Papín.

 

Lucha por el nombre

Frente a la inequidad e injusticia puesta de manifiesto en la respuesta recibida, durante muchos años Gerónimo Garré efectuó reclamos ante distintos organismos provinciales y nacionales para que el pueblo que él había ideado, y para el cual había donado tierras, llevara su nombre.

Como testimonio de esto, en la Escritura 7.044 consta que en La Plata, Gerónimo Garré y Doña Angela Devoto de Garré donan al Honorable Consejo General de Educación de la Provincia los solares C y F de la manzana cuarenta y cinco del éjido del pueblo. También donó tierras para la iglesia, casa parroquial, dependencias municipales, dos plazas, dependencias policiales, potrero para caballada de la Policía, cementerio y calles, entre otros espacios. Sin embargo, los reclamos realizados encontraron siempre la negativa como respuesta.
En 1919, siendo José Camilo Crotto gobernador de la Provincia, llega una nueva demanda del señor Garré por su nombre para el pueblo. Pero esta vez coincidió este pedido ante las autoridades con la petición de Zubillaga, también solicitando su nombre para el poblado. El caso lo toma en consideración el presidente de la República, Dr. Hipólito Yrigoyen, quien poniendo de manifiesto una actitud salomónica dijo: “Ni Garré, ni Zubillaga: el pueblo se seguirá llamando Papín”.

Últimos años

Don Gerónimo vivió con su familia en una amplia casona de la calle Rivadavia al 4001 de la ciudad de Buenos Aires. También tuvo domicilio en Chiclana, donde se hallaba la estancia “La Esperanza”, partido de Pehuajó, desde donde viajaba con frecuencia al campo de Guaminí (hoy Garré), el que había bautizado como “Las Tres Marías”, y a las 15 mil hectáreas de tierra que arrendaba en la provincia de Río Negro.
Junto a su esposa, Ángela Devoto, vio crecer a sus hijos, encaminando a cada uno de ellos en la vida. Aunque en 1921 fallece uno de sus hijos, Ángel José, casado con Laura Orbea. Un gran dolor embarga su alma, más aún al ver que tres de sus nietas, Laura, Dora y Zulema, quedaban huérfanas de padre.
El espíritu enérgico y emprendedor de Gerónimo Garré va decayendo poco a poco. Menguadas sus fuerzas por los años de trabajo, con cierta desilusión y la esperanza perdida por todo lo que hubiese hecho por aquel pueblo que había fundado, en 1923 viaja a Italia, ya no en barco de vela, sino “in macchina a vapore”. Así, el puerto de Génova ve regresar a un hijo, digno embajador en tierra americana.
Su vida sacrificada ya desgastada por el paso de los años lo vio contemplar en silencio a la Liguria, perdiendo su mirada en las montañas, valles, arroyos, plantas y arbustos que con sus colores y perfumes siguen aún rodeando a Savignone.
Su vida se apagó lejos de esta tierra que lo había adoptado y a la que sentía como suya. La muerte lo sorprendió un día de primavera europea, el 2 de junio de 1926, a los 71 años.

Don Gerónimo Garré murió sin saber que poco tiempo después de su partida, el pueblo que él había proyectado llevaría al fin y con justicia su nombre.

 

Se hace realidad

Durante la gobernación de Valentín Vergara, desde el Poder Ejecutivo fueron considerados los reclamos realizados por la familia del fundador, emitiendo un decreto por el cual primero se le retira el nombre Papín a la estación, sustituyéndolo por el de Garré, y luego al pueblo, en honor a quien había presentado el proyecto de su fundación, cediendo tierras para el Estado e instituciones. Esto sucedió entre el 29 de diciembre de 1929 y el 24 de enero de 1930.

Sus restos, en su pueblo

Los restos de Gerónimo fueron repatriados desde Italia y se hallaron durante un tiempo en el cementerio de la Chacarita, en la bóveda de la familia Garré-Bacigalupi. Pero fueron trasladados al cementerio de Garré para que reposen en el pueblo que él fundó. Dicha ceremonia tuvo lugar el 15 de octubre de 2011. Así los restos fueron depositados en una bóveda donada por la familia Lorenzo Viviot.