El ojo del tiempo: El nadador del fin del mundo

Un 26 de febrero de 1997, el mendocino Gustavo Oriozabala cruzó a nado por primera vez, las aguas del Canal de Beagle, soportando temperaturas de entre 3 y 6 grados centígrados. Un récord de 1800 metros en 21 minutos.

Gustavo Fabián Oriozabala, que fuera varias veces campeón mendocino de natación representando al Club Mendoza de Regatas, subcampeón argentino en 400, 800 y 1.500 metros, se convirtió desde comienzos de la década del ’90 en uno de los máximos referentes de las pruebas de largo aliento en nuestro país.
El deportista, oriundo de Godoy Cruz, fue segundo en el ranking mundial de la especialidad de aguas abiertas en 1998. Se erigió así en el heredero de aquellos pioneros de esa singular disciplina como Pedro Candioti, campeón mundial de permanencia en el agua, conocido en los años ’30 como “el tiburón de Quillá”, y Antonio Albertondo, también recordado referente en pruebas acuáticas de extenso recorrido.
El mendocino, que venía de cruzar a nado el lago binacional Titicaca, uniendo los 25 km que separan a Perú de Bolivia, en 5h06’ por aguas de 12 grados de temperatura, a una altura de 4.000 metros sobre el nivel del mar, tenía además otros valiosos antecedentes como el cruce del Canal de la Mancha en setiembre de 1993, recorrido de 42 km, en 8h59′; el cruce del Río de la Plata en diciembre de ese mismo año, sobre una extensión de 41 km, que separan la Argentina de Uruguay, en 10h30’; y el doble cruce del Estrecho de Gibraltar en 1997, quedó definitivamente en la historia cuando el 12 de marzo de 1998 completó con sus firmes y rítmicas brazadas el triple cruce del Canal de Beagle, que ya había unido un año antes sólo en ida y vuelta.
La singular proeza alcanzó mucho más valor porque lo hizo sin traje protector, cubierto solamente con una capa de lanolina (mezcla de vaselina y grasa) para evitar el shock térmico inicial, que es lo más perjudicial para el deportista.
Favorecido por una jornada de mareas serenas y por una muy suave influencia del viento, apenas a 10 metros de la meta final, cuando cumplía el objetivo que se había fijado de superar su marca del 26 de febrero de 1997 en el mismo escenario, Oriozabala decidió elevar su apuesta. A riesgo de su físico y del cansancio agregó entonces un tramo más a los dos que constituían el desafío original.
El popular “Vasco”, como se lo identifica en el ambiente deportivo, recorrió tres veces la distancia de 5,7 km que hay de costa a costa entre Punta Mac Kinley, a unos 50 km de la capital fueguina, en territorio argentino, con Punta Cabo Peña, en suelo chileno, lo que le exigió un duro esfuerzo de 1h09′, con registros muy parejos, salvo el segundo que resultó el más exigente: 1er. tramo, 21’30”; 2do. tramo, 26” y 3er. tramo 21′.
Se deslizó en aguas muy frías, de 7 grados de temperatura (promedio), por un canal sin oleajes, cielo diáfano y buena luminosidad, asistido por personal de Prefectura Marítima y el permanente monitoreo de su equipo de colaboradores.

El Gran Escape de Alcatraz
Gustavo, que llevaba dos años de inactividad, el 2 de enero de 2010 se puso una vez más a prueba como si le faltara algo a su palmarés de éxitos. Ese día, en el invierno de los Estados Unidos, intervino y venció entre 30 inscriptos en la tercera edición del Escape de Alcatraz.
Competencia de aguas abiertas que unió la temida ex prisión, conocida como “La Roca”, con la Bahía de San Francisco en California. Oriozabala braceó durante poco más de media hora de manera perfecta y sostenida para cubrir el trayecto de casi 3 kilómetros.

Héroe de Malvinas
Se convirtió además en otro héroe de la noble gesta de Malvinas cuando el 21 de marzo de 2006 rindió un sincero homenaje a los caídos y a los sobrevivientes de aquella desigual guerra con los ingleses. Oriozabala  unió las islas Gran Malvina y Soledad en poco más de una hora y media a través de las heladas aguas del estrecho que las comunica entre Saint Mont y Puerto San Carlos con temperaturas de entre 3 y 5 grados, en una gesta única e incomparable. (https://www.losandes.com.ar/)