El ojo del tiempo: Almafuerte, el maestro, el poeta  y su huella

Su arribo a esta ciudad se dio el 24 de abril de 1884 para hacerse cargo de la Escuela 3, que funcionó en la que fue su casa, el edificio del actual Museo Cívico que lleva su nombre.

… Pedro Palacios nació un 13 de mayo de 1854 en La Matanza. Su infancia transcurrió entre un puñado de casas de paja y barro, rodeado de gente humilde, de trabajo y lucha permanente. Cuando contaba con sólo cinco años su madre murió y, abandonado por su padre, fue su tía, Carolina Palacios, persona culta y muy creyente, la encargada de su crianza y educación en Buenos Aires; fue la primera que puso en sus manos una Biblia, con la que aprendió a leer.
A los 17 años comenzó a trabajar en el ámbito de la educación como ayudante en la Escuela Elemental de Varones de la Parroquia de la Piedad, y después de ejercer como maestro en varias escuelas de la provincia de Buenos Aires, llega a Trenque Lauquen.
Su arribo a esta ciudad se dio el 24 de abril de 1884 para hacerse cargo de la Escuela 3, que funcionó en la que fue su casa, el edificio del actual Museo Cívico que lleva su nombre. En aquellos tiempos poseía el nombramiento de maestro rural y vivía en una situación que estaba lejos de la abundancia económica.

“El Maestro”, como se lo conocía entre otros apodos, no sólo se convirtió en una fuente de saberes literarios, sino que le inculcó a sus alumnos diversos conocimientos sobre otros aspectos de la vida, además se preocupaba por sus familias y hasta llegó a donar parte de su sueldo para acciones benéficas.

Los alumnos asistían a la Escuela sin horarios fijos. Incluso los sábados Almafuerte los recibía, al igual que lo hacía con algunos adultos y les compartía sus conocimientos, les leía poesías y también daba clases de moral.
Pero su estadía en Trenque Lauquen no se limitó al plano educativo, ya que además intervino en problemáticas vecinales, ayudando a víctimas de distintas situaciones más que nada particulares; ayudó a personas necesitadas; y fue parte del Comité Radical. También estando en Trenque Lauquen escribió algunas de sus más célebres obras, como los poemas “Espigas”, “Jesús” (sin concluirlo estando en la ciudad), “Mi Alma”, “Plebeyas”, “Cristiana” y “Evangélicas” entre otras.

En tanto, en marzo de 1896 fue anoticiado desde el Consejo Escolar sobre una resolución de la Dirección General de Escuelas que definió que Palacios quedaba cesante de su cargo de director de la Escuela 3 por carecer de título habilitante. De esta forma, dicha institución fue la última en la que dio clases.
Días después, el 26 de marzo, dejaba Trenque Lauquen para radicarse en La Plata y ejercer como prosecretario de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, cargo que se crea en aquel momento. …
En la capital provincial nacería su inmortal pseudónimo, según se ha contado, a partir de desacuerdos con ideas expresadas por su amigo Carlos Olivera en sus escritos, los cuales firmaba como “Alma Viva”, a las que el poeta decidió responder con su pluma haciéndose llamar, con cierto toque de humor, “Almafuerte”.

Aunque regresaría a Trenque Lauquen en 1913, de visita, a pedido de sus ex alumnos y otros vecinos, siendo recibido con mucha algarabía, y en esa ocasión pasó por la que había sido su escuela, se presentó en el Teatro Español y visitó la estancia “Santa Catalina” invitado por Felipe Arrastúa, uno de sus ex discípulos.

 

Falleció en La Plata, el 28 de febrero de 1917, tras una vida de hombre solitario pero que sin embargo siempre estuvo involucrado en los problemas sociales de todas las comunidades donde residió, principalmente protegiendo a los niños y a los más desposeídos.
Su legado es inmenso y se destacó más aún después de su muerte en los importantes homenajes que recibió, algo que se contradice con el poco apoyo que recibió en muchos momentos de su vida. Incluso se lo reconoció como maestro post-mortem desde la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires.


El 14 de abril de 1973 la casa donde vivió el poeta, una de las pocas aún de pie con gruesas paredes de barro y estilo de principios del siglo XIX (aunque reconstruida tras los efectos de un fuerte viento que en 1931 derribó su mampostería) pasó a ser el Museo Cívico Almafuerte, tras ser donada a la Municipalidad de Trenque Lauquen en 1964 por la familia Pietrobelli, albergar transitoriamente al Museo Histórico Regional desde 1967 y ser declarada Monumento Histórico Provincial por la Ley 10.974, impulsada por el diputado Ricardo Tojo y promulgada el 18 de octubre de 1990.
En el Museo Cívico se exhiben manuscritos, muebles y otros objetos de Almafuerte, así como demás elementos que refieren a diversas instancias de la vida cívica local en muestras permanentes y temporarias, a la vez que se trata de un espacio de referencia para otras presentaciones culturales. Y la calle donde se ubica justamente este Museo también lleva el nombre de Almafuerte. (Libro “Vida y Obra. Historias trenquelauquenses” – Extracto del capítulo dedicado a Pedro Palacios, Almafuerte).