Drácula

El triunfo del amor por sobre el odio

Cibrian Campoy, Mahler, Juan Rodo, Cecilia Milone, 26-03-03 (Bs.As.), 2-04-08 (Gral. Villegas)

Si Calígula exaltaba la fe que ennoblece o humaniza, Drácula nos habla del amor que no termina.

En toda la obra contemplamos esa tirantez entre el Bien y el mal, si bien siempre la superioridad es la del amor que vence al mal. Es interesante para esta guerra entre el bien y el mal, que casi podríamos verla como dualista, como siempre se usa el signo religioso de la cruz para mostrar el triunfo del amor por sobre el odio y el mal.

Si quisiéramos hacer una pequeña lectura teológica de este musical, sin querer apartarnos de su argumento, podemos ver en toda la trama como se estructura de acuerdo a las postrimerías. Los cuatro novísimos del tratado de escatología aparecen notoriamente en esta obra. Para presentar estos temas los autores usan la música y la iluminación. Si recordamos las postrimerías descubrimos que en “Drácula, el musical” encontramos en un primer momento: “la muerte”. La muerte de Lucy es la que desata todo lo demás. La misma aparece como el final de la vida mortal, si bien se ve como Lucy permanece con otro modo de existencia llamémosle “espiritual”. También su muerte aparece como un acto profundamente personal, Lucy es la que se enfrenta con ella. Lucy es la que vive ese momento como decisivo. Además la vida de Lucy también esta marcada por acontecimientos de muerte que son los que marcan su personalidad (como lo fue la muerte de su madre).

En un segundo momento podemos entrever el tema de “el Juicio”: Este aparece al comienzo del segundo acto. Si la muerte tenía la característica de ser una “instancia personal” el juicio lo encontramos con características distintas pues sobresale en él lo comunitario. Podríamos afirmar que el juicio aparece con características de universal. Es por lo mismo que vemos un grupo de personas que caminan hacia una parte del escenario en forma de peregrinación, a simple vista se nos viene a la memoria las imágenes del Pueblo de Dios que caminaba por el desierto. Todo el coro es el que canta. En este coral se entrecruza el canto de suplica de la humanidad con Dios. En esta parte de la obra descubrimos el canto propio de todo hombre que se enfrenta al juicio de Dios: “¡Piedad Señor!”. Además es interesante como todos aparecen como iguales en este momento. Ellos antes habían cantado que “ser ingleses es un don” ahora, cantan con la misma melodía pero afirmando que “ser ingleses no es un don”. Musicalmente nos parecería escuchar alguno de los “dies irae” de los grandes Réquiem. Parecería oír la lluvia de violines que vienen del cielo del de Verdi, podemos entrever un drama como en el de Mozart, nos suena de manera tremenda y trágica como el de Berlioz. La iluminación acompaña este momento queriendo expresar la “ira del Dios que juzga”.

“El Infierno” es la tercera realidad que aparece. Y la descubrimos con características interesantes: el infierno consiste en la opción personal por encerrarse en uno. La opción de Drácula ya está tomada y no se retractará. Otro aspecto interesante es su canto final cuando él expresa “¿qué sentido tienen la inmortalidad si no estás a mi lado?”. Directamente hace referencia a la presencia de Mina junto a él, pero es cierto que en esta frase podemos encontrar el alma del infierno. ¿Acaso el infierno no es el sin sentido de la inmortalidad? ¿El infierno no es la condena eterna de replegarse sobre uno mismo sin poder vivir el amor para el cual fue hecho el hombre?

Como las postrimerías, también acá podemos entrever la Gloria. El final de la obra, de la historia y agregaríamos, de la humanidad es el amor que permanece. En el canto que rodea toda la obra se entrevé el final. “Tu y yo quien nos puede separar” Cantan los amantes hasta el fin. Una vez mas el amor ha vencido las fuerzas del mal, el amor ha redimido el pecado, el amor es más poderoso que la muerte.[3]

En cuanto al tiempo que dura cada parte de estas descripciones que muy pobremente realizo podemos decir que la muerte ocupa el primer acto, el juicio es un momento puntual y casi imperceptible, tan pequeño como el pedir “piedad”. Por su lado el infierno es literalmente un grito de vacío y sin sentido y el cielo una palabra “Amor”.

Como no hice comentario por haber participado el año pasado, con esto hago referencia al momento en que el sirviente de blanco canta a Caligula diciéndole que el no podrá darle su libertad ni su paz interior de saber que en algún momento se encontrará con los suyos. Creo que esta parte es la respuesta del hombre de fe al tirano. Vale la pena releer esta pequeña “aria”.

Es de destacar la escenografía para este momento que es solamente un sillón y Drácula en el suelo, a oscuras y en medio de tinieblas. Esta imagen escenográfica es claramente infernal.

Si en el canto anterior de Drácula entrevemos la desesperación y el sin sentido del infierno, cabe destacar que aquí aparece un coro que parece de ángeles. Todos cantan en una tonalidad casi gregoriana las grandezas del amor que redime y salva. En esto también contrasta la soledad de Drácula con la fraternidad coral de lo que llamamos el cielo; además de contrastar lo oscuro del sinsentido infernal con la luz celeste que sobreviene en este momento final.