A 30 años de la pintura del gran mural del Banco Provincia

Titulada “Presencia de Latinoamérica”, comenzó a pintarse en 1994, fue inaugurada en diciembre de 1995 y es una de las grandes obras del muralismo trenquelauquense.

Por Martín Ramirez Barrios

Periodista

 

En 1994 el recordado artista Héctor “Coco” Rodríguez Fedele junto a otro gran dibujante y pintor, como Néstor “Naki” Martín, iniciaron la pintura del icónicos mural que aún hoy, 30 años después, se destaca en las grandes paredes del interior de la sucursal trenquelauquense del Banco Provincia.

La obra, hecha con acrílico, contó también con la colaboración de alumnos del entonces Polivalente que estaban a cargo de Rodríguez Fedele, y el trabajo se llevó adelante a lo largo de varios meses, en parte con una tarea diaria que se plasmaba desde las 20 y hasta las 24 los días de semana y toda la jornada los fines de semana, hasta su inauguración, en diciembre de 1995.

En líneas generales, “Coco” Fedele, en ese momento con 61 años, se encargó de la parte inferior y media de la pintura, resolviendo gran parte del mural con su genio y su talento de años, y el entonces joven “Naki”, con 25 años, se encargó de la parte superior, contando con indicaciones del maestro cordobés respecto a colores y otras definiciones.

Inicialmente los dos artistas hicieron en conjunto, y en un llamativo tiempo de entre una y dos horas, el dibujo básico, el cual luego fue trasladado a las paredes proyectado y calcado con carbonilla, una técnica novedosa para el momento en el plano local.

 

“Presencia de Latinoamérica”

 

El mural se denomina “Presencia de Latinoamérica”.

“Una esperanza… un sueño… una realidad…”, señala inicialmente la argumentación de la obra, que además sostiene: “Todo lo que fue, lo que es, lo que será… cincuenta, sesenta o setenta mil años de Historia Americana, la tierra majestuosa, rica y generosa… Los grandes imperios que sembraron el paisaje desde Alaska hasta Tierra del Fuego y dejaron su señal de prosperidad, asentada en estructuras productivas, modos de organización social, construcciones de riego y fluviales, desarrollo urbano y arquitectónico, expresiones artísticas y artesanales, que podían ser comparadas, y en muchos casos superaban los alcances contemporáneos de la cultura europea. ¡Y luego los conquistadores, el encuentro de dos mundos, y el cambio, la destrucción, el exterminio y el ocaso! Algunas uniones y el hombre nuevo!!! ¡La gran esperanza! que el mural empieza a mostrar a través de la primera figura que aparece a la derecha; la de una aborigen embarazada y con un hijo pequeño que la abraza por sus caderas en actitud de protección, y ambos como una expresión de anhelo sagrado de permanencia y continuidad de la raza”.
La segunda figura, refiere a dos cuerpos de hombre y de mujer, consustanciándose en una sola imagen, en auténtica simbiosis de conquistador y conquistado… un nuevo “ser” que camina sobre un terreno carbonífero que representa las riquezas ocultas en el subsuelo americano, en marcha hacia un destino mejor… (detrás de ellos el símbolo de Tontemoc, sol que cae indicando el fin de las culturas aborígenes).
A continuación, una mujer desnuda, acostada, y sobre ella, símbolo de fecundidad, los frutos generosos que la tierra otorga al esfuerzo y el trabajo del hombre: cereales, frutas, hortalizas etc. Y por encima, la suprema creación del hombre mediante los logros de la ciencia y la técnica para llegar a lo que constituye el eje central de la temática: “La fusión de las razas” en tres niveles de rostros ensamblados.

Por otro lado se destaca “el crisol de razas que fue América, la transformación de las culturas y el nacimiento de las naciones, enlazadas éstas, y la segunda parte del mural, en su parte superior, por un hermoso friso ondulante con todas las banderas Latinoamericanas”.
Siempre en su parte derecha y debajo del resto descripto, se encuentran las imágenes perfectamente logradas de algunos de los poetas y pintores mas destacados de Latinoamérica: Rubén Dario, Diego Rivera, Lino E. Spilimbergo, Cándido Portinari y Julio Cortazar.

También se indicó que “como una rememoración nostalgiosa” aparece en la segunda parte, hacia la izquierda, la puerta de la fortaleza de Sacsayhuaman, un aporte arquitectónico de las culturas mesoamericanas y frente a la misma el último soberano azteca: Cuauhtémoc (el águila que cae).
A continuación, una maravillosa figura que reproduce una similar de Miguel Ángel, de la Capilla Sixtina, pero con su rostro mezcla de europeo y americano, “configurando el nuevo orden establecido y el aporte de las culturas grecolatinas”.
Está “también la imagen de un negro africano, llegado como esclavo y que aporta su esfuerzo a la constitución de los nuevos países…”. “La mujer vestida de blanco con una gran transparencia representativa de la pureza, simboliza a Latinoamérica y la que sigue, una campesina, con los nuevos frutos de la tierra ofreciéndolos al mundo!!!”, se transmite.
La gran esperanza se plasma definitivamente con una paloma en su parte superior, que representa la paz, el águila de la libertad y al fondo, el gran sol de América, una gran rueda que recorría todos los caminos… el Inti de los Incas, el Kin de los Mayas o el Dios de la Guerra de los Aztecas.
“Globalmente la obra es una inmensa paleta con intensos vivos colores que van desde los azules y tierras a los verdes y los rojos, con muy pocos grises, simplemente los imprescindibles, para lograr un vigor, una fuerza suprema que destaca la potencia americana”, se remarca en la reseña, agregando que todo constituye un canto a la unidad Latinoamericana, a la suma de esfuerzos en pos de una libertad comprometida con la totalidad de los seres de la creación, el trabajo, el respeto, el cuidado y la protección de los dones recibidos. Todo esto en un mural que mide 14,50 metros de largo por 4,50 de alto.

 

Otras dos obras

 

Además del gran mural, Rodríguez Fedele pintó otros dos murales de menores dimensiones que también quedaron como patrimonio del Banco Provincia.

Uno de ellos se tituló “De las artes”, representa todas las actividades artísticas que el hombre ha desarrollado a través de los tiempos, y reúne una figura del impresionista francés Paul Gauguin, las dos carátulas símbolo de la tragedia teatral, una bailarina clásica, la música representada por un pianista y su musa inspiradora, la literatura representada por una figura alada, y un artista tallando piedra.

La otra obra es “La Pacha Mama”, donde aparece un labrador, una figura tomada de las pinturas rupestres de Lihuel Calel, un niño y un hombre, una guarda mapuche, una mujer meditando, una canasta con productos de la “Madre Tierra”, un colibrí, y dos cadáveres que simbolizan la muerte del aborigen americano, de cuyos cuerpos surgen las raíces de un árbol que da vida a un nuevo habitante del continente y que enlaza a una pareja que es su consecuencia.