de Trenque Lauquen
Viernes 07 de Agosto de 2020

Por: Ana María Ford

Unos traguitos de caña y ruda

Por: Ana María Ford - Periodista

Seguramente ayer a la mañana algunos vecinos (dicen que cada año son más) comenzaron la jornada cumpliendo un rito cuyo origen se hunde muy lejos. El de beber unos tragos (pueden ser tres o siete, números cabalísticos si lo hay) de caña o grapa en la que habrán macerado cuidadosamente unas cuantas hojas de ruda macho.
Un poco creyendo y otro poco aprovechando la oportunidad de calefaccionar el cuerpo por dentro, se consume el brebaje para espantar males y enfermedades que puedan potenciarse en el antipático agosto. Un mes con el que se ensañan las creencias.
Aunque en esta región los fríos extremos suelen registrarse en julio, agosto carga con el mayor volumen de culpas.
“Julio los prepara, agosto de los lleva” o “agosto los prepara, septiembre se los lleva”. Depende de qué cajón sacamos los dichos, pero el octavo mes del año no se salva; si hasta trae, como despedida, la amenaza de la tormenta de Santa Rosa, si habrá barrido devotas y coloridas procesiones…

Invisibles traslaciones
Convengamos que nuestra región no es muy rica en el uso de hierbas medicinales si nos comparamos con otras regiones de éste y otros países de la América morena.
Claro que tenemos “yuyitos”, la mayoría consumidos en infusión. Pero la grapa (o caña) con ruda llegó, allá lejos y hace tiempo, como importada, sin sellos ni carta de porte.
La costumbre viene de las tierras donde señorearon los guaraníes, especialmente lo que hoy es la provincia de Corrientes.
A nadie se le habrá ocurrido pensar “vamos a llevar el rito del 1 de agosto a la llanura pampeana”, pero apareció y se instaló.
La tradición llegó, como carga invisible, en el equipaje de bártulos e ilusiones de los tantos correntinos que, hace unas pocas décadas, comenzaron a migrar para estos lares buscando integrarse al trabajo rural.
Eran hombres solos que venían a probar fortuna, o familias que se animaban a afrontar la dureza del desarraigo.
Trajeron con ellos el culto al Gauchito Gil y la devoción a la Virgen de Itatí; en las fiestas de las escuelas rurales se asomaron el chamamé y el sapukay como pedacitos de transculturalización a los que se le suma éste del 1 de agosto. Una fecha que además, no es para nada caprichosa. Porque es el día de la Madre Tierra, la Pachamama a la que se le ofrendan, como gentil devolución, los frutos que ella misma dona.

¿Covid+ grapa+ ruda?
Se puede ser patadura para bailar chamamé, ronco para gritar el sapukay, ateo y no creer en la Virgen, incrédulo ante las virtudes del Gauchito Gil…
Pero, me consta, que fueron unos muchos los que se mandaron sus traguitos de grapa con ruda. Lo piensan, me consta, aunque no lo digan “y… a lo mejor es bueno para esto del Covid”.
La búsqueda de una vacuna que derrote esta pandemia que nos tiene angustiados y julepeados, es el camino racional. Indubitable.
Pero no le hace mal a nadie, haber echado al coleto un vasito de caña con las rústicas hojas de ruda…

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