Un gracias a Ricardo desde GENAP

Fue de los que creyeron en nosotros cuando todo esto era una utopía, una aventura que no iba durar mucho”. Lo dicen en la sede de GENAP al hablar del vecino Ricardo Cereigido fallecido hace pocos días.
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Lo recuerdan con palabras nacidas del corazón y dichas como si se las vistiera de silencio para que no desentonen con la actitud frente a la vida que caracterizó a Ricardo: lo que suele llamarse perfil bajo “… en él era el principio de que ayudar no significa alharacas posteriores, sino dar en silencio porque se está convencido de lo que se hace”.
Las evocaciones se remontan a los inicios de esta obra (GENAP), próxima a cumplir 14 años. Una idea que se dibujaba en las mentes y los corazones de un puñado de pioneros.
“No era fácil pedir apoyo económico para arrancar; no había planos de edificios que mostrar ni metas materiales. Se trataba de construir ‘algo’ para apoyar a los enfermos de cáncer y a sus familiares y amigos (de paso desmitificar la palabra tan temida).
n Un desafío

En ese contexto, Ricardo Cereigido y su hermano José Luis, junto con otros vecinos, se sumaron al desafío: apoyar “eso” que se iba a llamar GENAP.
Desde los inicios de la Fundación hasta hoy, han pasado casi 14 años. Tiempos de consolidación y adentramiento en la comunidad que Ricardo acompañó en silencio, en permanente disponibilidad. “Era inmensamente solidario –siguen recordándolo- no sólo daba de lo suyo; también gestionaba otros apoyos, sabía cómo despertar en los demás la disposición a ayudar. Todo en silencio… Ricardo era inmensamente generoso. La comunidad –de la que somos parte- ha perdido a un hombre muy valioso por sus sentimientos y por su calidad de empresario brillante.”
Mencionan de paso que la explotación agropecuaria, centrada en el tambo, que supieron crear con José Luis “es de excelencia, de justificado renombre nacional, visitada tantas veces por delegaciones extranjeras, pero toda esa actividad, siempre en crecimiento, no le cerró los ojos a las necesidades de los demás. Y GENAP ocupó un lugar de preferencia en el caudal de esa generosidad.”
“Lo vamos a recordar siempre-finaliza la evocación- porque siempre estuvo atento a nuestras necesidades”.
Como corolario de estas palabras que llegan desde la Fundación, bien vale añadir las que se atribuyen a Santa Teresa de Avila “Vivir se debe la vida que tal forma que viva quede en la muerte”.

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