Tiempo que no brilla

Conocimos al Trenque Lauquen de antaño, con sus luces y sus sombras. Pero mucho más por sus luces, cuando asomaba impetuosa una ciudad fabril, con importantes industrias metalúrgicas como Garbarino Hnos. y Cia., Arzac y Rodrigues, Robles y Cia. y talleres que pululaban a ambos lados de las vías del ferrocarril, metalúrgicos y textiles; el Frigorífico Regional hacia el norte de la ciudad, con 400 obreros, y el Indio Pampa ahora una muestra desolada de un tiempo irrepetible.
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Teníamos calles de arenas que se filtraban por debajo de las puertas, amontonadas en parvas empujadas por el viento del oeste que aullaba en las noches inclementes. Teníamos sí, calles con 30 cms. de arena, y los que sólo poseíamos motos o bicicletas rodábamos como borrachos en el brioso intento de recorrerlas. También nos enorgullecía contar con una empresa de seguros entre las más importantes del país, obra de genuino impulso trenquelauquense, que fue liquidada por supuestos empresarios que vinieron de Buenos Aires a “salvarla”. Los mismos que hoy buscar “salvar” a uno de los más importantes clubes deportivos del país. Siempre, en medio de gente honesta, hay una mano negra lista para atrapar incautos.
En esta evocación de hechos promisorios no podemos olvidar lo que fue Giat y Bat de Beruti, a solo 25 kms. de esta ciudad, con más de 400 obreros. Una empresa fundida por empresarios ineptos y dirigentes sindicales irresponsables que vinieron de otros lugares a tomar una empresa como si fuera un botín de guerra. Vinieron a hacer política barata, de ésas que les gusta hacer a los incapaces, a los que no entienden ni una j de lo que es una empresa, y como no podía ser de otra manera terminaron fundiéndola.

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