Testimonios de nuestras mujeres emprendedoras

Son todas artesanas que se desempeñan en diferentes rubros y que dos veces al mes participan en la Feria EcoFines. Orgullosas del producto que realizan, aceptan risueñas que nadie conozca sus nombres y sean conocidas por ser “la chica de las tortas fritas, la chica de los sorrentinos, la chica de las flores”, entre otras nominaciones. “Nosotras no tenemos nombres”, afirman.
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La plazoleta Almirante Brown se ha convertido desde hace un tiempo en un lugar muy utilizado para el desarrollo de diferentes actividades artísticas y comerciales. Recitales y ferias artesanales han ganado lugar en este espacio verde que, cada vez más, encuentra una óptima respuesta en la comunidad que responde a cada una de sus convocatorias.
Y quienes le dan vida a esta plazoleta son, además de una parte de la comunidad artística, varios emprendedores que, dos veces al mes, exponen sus productos en la Feria EcoFines que ha ganado adeptos en cada una de sus ediciones.
Y en el marco del Día de la mujer, La Opinión dialogó con un grupo de mujeres que, desde hace algunos años, decidieron animarse a salir de casa y mostrar lo que saben hacer. Ellas son: Mabel Sosa, Esther Córdoba, Marisa Covino, Mariela Alegre, Yanina Alcántara, Ángela Florentina Rapotez, Alejandra Castro y Elsa Godoy. Algunas cuentan con otros trabajos y realizan estos productos en sus tiempos libres. Otras viven de lo que elaboran.

n Productos

En primer lugar, cada una de ellas se refirió a cuál es el producto que realiza. Mabel contó: “Me dedico al rubro textil, soy una emprendedora que ha tomado esta opción de vida como algo muy positivo a nivel personal”.
Por su parte, Ester comentó: “Soy de Buenos Aires, más precisamente de Hurlingham, hace más de 20 años que soy artesana tejedora. Estudio las culturas de todo nuestro territorio argentino y de todas las Américas. También hago telar aborigen y por eso estudio las etnias, de dónde vienen las tramas para poder enseñarles al resto de las personas. Es muy interesante, muy importante y lo textil ahora está incursionando en el mundo. De hecho tenemos amigos que tienen sus tejidos por el mundo y vamos a encuentros nacionales e internacionales de tejido”.
Marisa Covino también contó a este medio cuál es la actividad que realiza: “Con mi pareja vendemos plantas de estación y frutales, hacemos mermeladas”.

n Gastronomía

Mariela Alegre contó: “Me dedico a la gastronomía, hago panificados, sobre todo prepizzas y tapas de empanadas, tapas de tartas, pastas rellenas, tallarines, tortas, entre otros productos. Y trabajo con harina integral”, dijo mientras que su colega, Yanina Alcántara, explicó: “Hago sorrentinos, pastas, fideos, tortas, pollo arrollado, empanadas y variedad de ensaladas”.
Otra persona que se dedica a la realización de productos gastronómicos es la vecina Ángela Florentina Rapotez quien tiene mucho para contar sobre su experiencia en EcoFines: “Soy viuda y en mi vida significó algo muy importante ya que utilicé el estado de necesidad para salir adelante y de esa manera pude llegar a dónde estoy. Siempre fui emprendedora, desde muy chica, y pude dar la semilla para que mis hijas sean emprendedoras. Pero gracias a los emprendimientos tengo mis hijas criadas, estudiantes universitarias, y las estoy manteniendo. Realmente lo mejor que uno le puede dejar a un chico es esa semilla para emprender porque así nunca le va a faltar un peso”.
Elsa Godoy realiza empanadas caseras y dice que es la encargada de “engordar a la gente que viene acá. Y tengo de ayudante y compañero a mi pareja, él se dedica a hacer torta fritas y churros y esta es una actividad que nos sirve para desenchufarnos un poco. Nos lleva a conocer a otra gente, a salir de la rutina. Nos gusta mucho participar de esto. Más allá de que pueda entrar un pesito más a la casa, esto es un verdadero cable a tierra”.

n Bebidas

Por su parte, Alejandra Castro comentó que ella se encarga de la elaboración de licores y jugos artesanales, entre otras bebidas. “Arranqué este emprendimiento artesanal observando un poco lo que había en Trenque Lauquen donde no había quien realizara este tipo de productos. Era algo que me gustaba el tema de la cocina aunque no tanto de comida porque ya son varias las chicas que se dedican a eso y lo hacen muy bien. Pero quería innovar en este camino y en lo posible marcar una tendencia. Estoy innovando con productos nuevos, lleva tiempo maceración, estacionamiento, luego el embasado Cada producto tiene su tiempo”.
Para Alejandra, participar de esta feria no sólo “es desenchufarse sino también encontrarse uno mismo en hacer algo que a uno le gusta. Más allá del trabajo particular que uno hace que también disfruta, esto es otra cosa, mirarse uno mismo y partir de allí elaborar un determinado producto”.

n Otro mundo

Esther tiene una idea muy clara respecto del rol de la mujer en la sociedad de hoy. “Que las mujeres no se queden lavando los platos, que los laven cuando vuelvan de hacer sus cosas –afirma-. De la puerta para adentro es su mundo, de la puerta para afuera es otro mundo, el mundo real que a veces no lo queremos ver. Está bueno que todas las mujeres pongamos nuestra impronta de lo que sabemos hacer. Yo aprendí a tejer a los seis años y en un momento de mi vida eso me llevó a hacerlo y me dio de comer en un momento muy feo en el que estuve separada, con dos nenas chiquitas, sin saber a dónde ir. Entonces esto se me vino a la cabeza: ‘yo sé hacer esto’. Y empecé a tejer y me fui a las ferias y de ahí no paré hasta el día de hoy. Crié dos hijas universitarias, geniales y me llevó a conocer miles de personas”.

n Valoración personal

Ángela cuenta que esta experiencia de participar de una feria “me llevó a tener una valoración personal de mi misma, yo era una persona muy insegura. Yo hacía un buen servicio, todo el mundo me compraba pero no podía ir a cobrar y mandaba a mis hijas que eran muy chiquitas. Yo me quedaba llorando en la esquina, mi autoestima estaba por el piso. A mí me llevó a valorarme, a sentir que yo servía para hacer esto. El grupo humano que hay en la feria es lo que yo destaco. Esa solidaridad que se hace en la feria es más importante que el producto que uno tiene.
Yanina destaca de esta experiencia el hecho de que “en esta feria la venta es diferente, es una economía social que hoy es una ayuda importante en la familia. La gente te conoce aunque no sepa cómo te llamás, esa es la chica de las flores, de los sorrentinos, de las torta fritas. No tenemos nombre pero la gente te habla y uno puede dar ese amor con el que hace las cosas. La gente se siente que le gusta que lo atiendan, no es sólo alguien que pasa por la caja, paga y se va. Por eso la feria fue creciendo tanto porque pasó a ser algo afectivo. Pasó de darse una sola vez al mes para ahora hacerse dos veces al mes y se pide aún por más”.
Por último, Mariela expresó: “Esta es mi vocación, una vez me echaron de un trabajo, me indemnizaron y vi la oportunidad de comprarme las maquinarias y dedicarme a la gastronomía que es lo que siempre había querido”.
Por último, todas agradecieron a Santiago, Cristina y Kiki por su permanente apoyo en este proyecto que crece en cada una de sus ediciones.

1 Comentario

  1. los panes de semillas que Angela hace por encargo son espectaculares, nunca comi un lomito tan rico como los que hice con los panes que le encargué, también lo vi como una opcion accesible para fiestas o reuniones familiares. Bien por todas !!

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