de Trenque Lauquen

Por: Jorge "Alemán" Azpiroz

Los guardianes de las vidas

El 12 de mayo fue el Día de las enfermeras/os, hoy día más visibles y primordiales que nunca. Qué mejor que recuperar esta nota publicada en 2016 para que su invalorable labor, tenga un poco del reconocimiento que siempre debieron tener.

En este infinito mundo de oficios y profesiones, donde los trabajos nos representan o contienen, nos abruman, entristecen, alegran, dignifican o simplemente nos dan la posibilidad de subsistir, de sustento – mas allá de preferencias- en estos comercios colectivos llamados sociedades .
Sociedades donde uno es relativamente requerido en forma proporcional al trabajo que brinda, olvidando cada vez más la valía real de las personas que va más allá de títulos, de changas, de oficios y rebusques. Pero el mundo es mundo y no vale la pena perder tiempo en comprender algo que dudo se podrá cambiar. Pero hago esta perorata inicial para hablar de “ese oficio”, de esa profesión, de ese trabajo que casi siempre conlleva sentimiento, que tiene internalizado todas las funciones operativas junto a la capacidad de entrega, de dar el alma, de convidar los minutos… de ofrecer el tiempo al otro.

Vienen a ofrecer su corazón
Estos trabajos difieren de los demás de los que muchos realizamos porque rara vez debemos poner en ellos la solidaridad, el sacrificio por el bien ajeno, la generosa ofrenda cotidiana sin pensar que no está contemplado en los salarios, ni en paritarias, ni en estatutos…. Hablo de esa gente que vive bien cerca de la vida de los demás, con y por los demás… que más allá de su labor está en contacto con nuestra humanidad, con todas nuestras virtudes y defectos con nuestra resurrección y con nuestra agonía. Siempre escribo que son los grandes olvidados del mercado del trabajo, nunca bien remunerados, nunca bien reconocidos. Dejan pedazos de su alma para contener el alma que espera…

 Ese servicio vital…
Servicio… nadie sirve más al otro que estas trabajadoras y trabajadores y sin embargo rara vez erigimos estatuas, rara vez condecoramos acciones, rara vez los tenemos en la cima de la escala profesional.
Como van advirtiendo estoy hablando de los que trabajan con la salud y con la insalubridad de sufrir muchas veces el dolor ajeno, que siempre vive adherido a sus horas, a sus días de trabajo. Hablo de los “enfermeros/as”… la profesión más ligada a la humanidad que conozco. Nunca pude comprender – lo he escrito anteriormente- como está tan mal distribuida, jerarquizada la escala laboral…que sea más importante para una sociedad los contadores, abogados, diseñadores, jugadores, artistas (y los escritores de notas domingueras), habla mal de la sociedad en su conocimiento de la vida real.
Muy por el contrario casi siempre resisten entre sueldos injustos y muchas veces oprobiosos, persisten entre el olvido escondidos en esas ciudades ocultas, a las que solo visitamos (obligados) cuando la vida nos recuerda la finitud y la fragilidad que nos presta.
Prefiero recordarlos siempre, por gratitud y memoria e intentar sacarlos del olvido, ponerlos en el lugar que siempre tendrían que ocupar junto a otras profesiones y oficios como los educadores, otros que también sufren la ignominia de saberse ninguneados por un sistema que premia a los que mucho hacen por duplicar dineros y poco por duplicar sabiduría y emociones.

La cura interior
Los médicos también suelen caer en el no reconocimiento, sobre todo aquellos que dan su tiempo en hospitales paupérrimos con sueldos ídem, o en lugares remotos donde su mano es la única posibilidad de aferrarse a la vida. Pero ellos merecen otra nota, más los enfermeros y enfermeras son los que están cuando nadie queda a tu costado, están bien cerca de tu indefensión, en ese lugar donde se pierde de vista el mundo superficial y aparece lo verdadero, lo necesario, ¡lo humano!.
Ellos están cuando te toca la intemperie, cuando te empezas a quedar solo. Ellos están cuando el olvido y el dolor, mientras el paciente espera paciente, caminar las calles nuevamente.
Ellos son los que más conocen al verdadero ser que yace, ellos están con la verdadera persona expuesta y transparente, no con el que vivía hasta hace poco en el otro mundo, “el afuera”. Están realmente con vos cuando vos precisas estar, permanecer, persistir, ser.
Eso no tiene valor monetario, ni social, es impresionante la labor de todos los días, de todas las horas sufriendo la angustia de los que sufren, abrigando, aseando, curando y arropando al que está solo y espera entre cables y remedios, entre camillas e inyecciones.. ¡entre algodones!.

La mano cercana
¡Claro que tendrían que ganar tanto y más que quienes no hacemos ni la mitad de lo que ellos ofrecen!. Claro que deberían ser estimulados, profesionalizados, ayudados a que su labor sea cada vez más reconocida. Son los que habitan parte importante, casi toda su vida en esos edificios dolientes –reitero-que no vemos salvo cuando nos sentimos frágiles y solos.
No faltará el que diga que no todos son así..¡Seguro que habrá también ineptos, insensibles y algunos que no honran la vocación!, pero eso sucede en todas las profesiones, pues el ser humano siempre será la especie más controversial del reino animal haga lo que haga… ¡pero como olvidar cuando tuve la mano cerca cuando me tocó sufrir el techo blanco de la incertidumbre cada noche, cada día…! cuando vi la mano generosa en la enfermedad de un hijo, cuando la vi jugando con la infancia herida para que duela menos la angustia y la inocencia de los ojos nuevos.
Y vi la mano ternural, cercana, enjugando el pelo de mis viejos cuando se pusieron tan viejos como el tiempo que perdemos en darnos cuenta lo verdaderamente importante de la vida.
Los he visto tanto en alegrías de nacimientos y berridos, como en los finales siempre injustos de amigos y familiares. Siempre estuvieron ellos, cerca…sus manos hechas de “remedio” y no hablo solo de medicamentos.

Honrar las vidas
Y estuvieron en guerras y en viejas enfermedades condenadas por sociedades enfermas del alma. Estuvieron en cataclismos y desgracias. En contagios y pandemias, en tragedias y calamidades. Cuando nadie quería estar, ellos estaban…Estuvieron y estarán en cada lugar donde alguien sufra, entonces como no escribir aunque sea brevemente el agradecimiento que nunca es mucho en relación a la valía de lo cuidado ¡nuestra vida, ni mas ni menos!.
Crecí en la injusticia de verlos horas y mas horas ofrendándose sin recibir jamás la recompensa social y justa. Pero no me voy a enojar porque no es sano para nadie…solo replicar, y replicarnos una y mil veces que debo aprender a mirarlos con ojos de mayor admiración y ayudarlos a que sus trabajos se vean reflejados a ojos de todos, ¡a ojos vista!… por eso esta nota es simplemente una deuda interna y externa que creo -todos y cada uno de nosotros- tenemos con los enfermeros/as por lo menos para que sepan que mucha gente los reconoce con la humanidad que ellos saben cuidar y defender sin importar quien sea el que precise una gesto, una mano, una voz que lo contenga cuando deba habitar lo muros del dolor y la enfermedad.
Gracias pues, por tanto a pesar de tan poco reconocimiento. Gracias por la otra medicina, por el cobijo y la paciencia. Y sobre todo…gracias por ese tiempo hecho tiempo en la vida de todas las otras vidas.

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