“Lluvia de cocaína”

Poéticamente algunos medios de información se refirieron a una “lluvia de cocaína” a lo ocurrido en Santiago del Estero, paraje Monte Zorro.
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Desde una avioneta arrojaron panes de cocaína, alrededor de media tonelada valuada en 54 millones de pesos. Fueron los pobladores del lugar de difícil acceso los que alertaron sobre sospechosos sobrevuelos de una pequeña aeronave de la que poco más tarde arrojaron los paquetes que contenían la droga. También encontraron en los alrededores bidones de combustible supuestamente para reabastecimiento de la avioneta, señal de la logística narco existente en el paraje. El operativo se frustró y la droga quedó tirada.

Hay datos que señalan que en Monte Zorro y alrededores hay un centenar de caminos rurales que sirven como pista de aterrizaje para máquinas de pequeño porte. Esto de Santiago del Estero es sólo una muestra de una realidad indiscutible a nivel nacional.
La pregunta es si en este tiempo en el que el uso de los drones ya es poco menos que familiar, se puede ignorar la existencia de pistas clandestinas que facilitan el ingreso de la droga al mercado local.

Desde que fuera creada en 1938, la misión de Gendarmería fue custodiar las frontera.-. Una errática política de seguridad la desparramó por villas, rutas y otros lugares conflictivos, alejándola de su objetivo primigenio.
A principios de 2016 se publicitó con bombos y platillos la primera aplicación de la ley de derribo que apunta específicamente a las aeronaves que traen droga. Un caza escoltó a una avioneta sospechosa desde el espacio aéreo correntino hasta la frontera con Paraguay. De esto hace un año.

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