de Trenque Lauquen
Sábado 26 de Septiembre de 2020

Olga Susana Rojas y su experiencia como docente rural

“Juro que es lo que más me gustó hacer en la vida; si tuviera que volver a elegir, elegiría ser maestra”

En el Día del Maestro, La Opinión entrevistó a una docente “de las de antes”, de aquellas que se instalaban de lunes a viernes en el campo para dar clases a los jóvenes del ámbito rural. Cómo fue aquella rica experiencia y cómo ve el trabajo que hoy realizan maestros y profesores en tiempos de pandemia. “Los admiro”, expresó.

En una época en la cual Internet es la herramienta fundamental e indispensable para realizar cualquier tipo de actividad, en meses en los que las clases a través de la plataforma Zoom han sido la vía de comunicación de profesores y alumnos a causa de la pandemia y el aislamiento social y en días en los que el vínculo entre las personas en muchos ámbitos se ha vuelto frío y muy distante, La Opinión entrevistó, al conmemorarse un nuevo Día del Maestro, a Olga Susana Rojas quien se desempeñó durante varios años como maestra rural.

Hoy jubilada y alejada de las aulas, la docente recordó aquella experiencia en la que “era todo muy distinto a lo que es hoy” y destaca el trabajo que maestros y profesores realizan en este tiempo difícil en el que el Covid-19 y la cuarentena lo han complicado todo: “Realmente admiro el trabajo que están haciendo”, afirma.

Sus comienzos

“Hice tres años en el Colegio Comercial y después me pasé al Colegio Nacional a hacer los dos años restantes y me recibí con el título de maestra. Esto fue en el año 1969 cuando tuvo lugar la última promoción en la cual nos recibíamos de maestras cursando esos cincos años. Después eso cambió y ya, para ser maestra, se debió cursar un nivel terciario. A partir de ahí comienza mi carrera como docente. Mi primer trabajo fue en la Escuela 6 de Nueva Castilla”, recuerda Olga quien, a los 20 años, comenzó a recorrer diferentes establecimientos educativos rurales del distrito.

“Tuve mi primer trabajo en la estancia Nueva Castilla y después ya comencé a andar por todos lados como por Martín Fierro y Lértora haciendo suplencias porque en aquel tiempo no había posibilidad de venir a la ciudad a trabajar, no había tantas oportunidades de titularizar. Tenías que hacerte en el campo. Si querías trabajar, tenías que ir al campo, no había otra. Y así me recorrí bastante todo el distrito. Porque estuve en los parajes de Las Tunas, en Las Guasquitas, en La Cora y en unas cuantas escuelas. No todo el año, sino haciendo suplencias de dos o tres meses. Hasta que titularicé en el año 1985 en la Escuela 5, ya en la ciudad de Trenque Lauquen. Pero antes había estado en la Escuela 1 y en la Escuela 2 haciendo suplencias hasta que titularicé en la Escuela 5”, resume.

“Una experiencia hermosa”

Con respecto a su trabajo en las diferentes escuelas rurales, Olga no duda en afirmar que “fue una linda experiencia porque en la escuela de campo podía llegar a tener, en un mismo curso, 20 alumnos repartidos en 1°; 2°; 3°; 4°, 5°, 6° y 7° año. Por ahí tenías un alumno de 4°, dos de 6° y ninguno de 5°. El curso se conformaba con los alumnos que tenías. Fue una experiencia hermosa, se trabajaba muy lindo, se extrañaba mucho el pueblo porque nosotros íbamos de lunes a viernes. Llegábamos para comenzar a dar clases a las 12.30 y ya nos instalábamos en la escuela. En Nueva Castilla había un puestero en la casa que correspondía a la escuela para que la docente que se quisiera quedar, pudiera hacerlo. Yo me quedaba en la escuela y la otra maestra se iba a la estancia San Baldomero donde había una pensión. Íbamos el lunes y volvíamos el viernes. Pasábamos el fin de semana en la ciudad y luego volvíamos al campo”, dijo antes de señalar que “era todo muy distinto a lo que es hoy. Porque hoy casi todas las docentes que van al campo van y vienen”, añadiendo: “Nosotros buscábamos a alguien que nos llevara. Había en ese momento una coordinadora de escuela de campo que unía a cuatro escuelas: Lértora, Nueva Castilla, Marí Lauquen y La Zanja. Y la coordinadora era la que nos llevaba el lunes, sino debíamos tomar un taxi o lo que consiguiéramos. Y nos quedábamos toda la semana allá”.

En la ciudad

Olga cuenta: “En el campo trabajé cuatro o cinco años. En ese momento te daban puntaje por trabajar en el campo más que si trabajabas en la ciudad. Después, ya como tenía a mis hijos chicos, seguí en la ciudad haciendo suplencias hasta que tuve la titularidad. Y ya me quedé en la ciudad. En la Escuela 5 empecé con primer grado, curso en el que estuve siete u ocho años. Después, cuando vino la modalidad de tercer ciclo, pasé a tercer ciclo. Extrañé muchísimo primer grado, pero me fui adaptando, como en todo, hasta que me jubilé. Antes, fui vicedirectora de la Escuela 5”.

Tanto en el campo como en la ciudad, la docente se muestra muy satisfecha por el camino recorrido en el ámbito educativo. “Fue muy buena experiencia, juro que es lo que más me gustó hacer toda la vida. Pienso que, si tuviera que volver a elegir, elegiría ser maestra”, afirma.

La docencia, hoy

Consultada sobre cómo analiza la forma en la que hoy los docentes debieron reorganizar su trabajo en el marco de la pandemia por coronavirus, la entrevistada expresó: “Yo no sé si me hubiese podido organizar así, hacer este trabajo. Claro que en aquella época no había esta tecnología, no se sacaban ni fotocopias. Yo admiro el trabajo que están haciendo hoy porque no sé si yo lo hubiese podido hacer”.

Olga tiene dos hijos y una nuera que se desempeñan como profesores de distintas cátedras. Con ellos comparte diferentes visiones sobre la actividad docente actual. “Charlamos mucho, ellos me cuentan cosas que yo no viví porque los chicos eran diferentes, tenían sus cosas, pero nada que ver con lo que ahora ocurre. Pero, de todas maneras, todo es muy distinto. No se contaba con los recursos de hoy y las fechas patrias no se conmemoraban como ahora. En aquellos años se iba los 25 de Mayo a hacer la fiesta al campo. No se hacía el acto el día anterior o posterior. Se iba ese día por más que cayera domingo”, apunta.

Sobre el final, Olga hace referencia a los gratos recuerdos que le dejó su paso por la docencia y el por qué volvería a elegir esta profesión: “La pasábamos lindo porque con el chico de campo y hasta con sus padres se generaba otro vínculo. De hecho, cuando comencé a ejercer en la ciudad, extrañé mucho el campo. Pero de ambos lugares tengo bellos recuerdos, no estoy arrepentida de haber hecho lo que hice”.

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