Extraña Justicia

El procesamiento por asociación ilícita y el fabuloso embargo por 10.000 millones de pesos -más de 620 millones de dólares- que se desplomaron sobre Cristina Kichner, marcan el punto de mayor agravamiento de su situación judicial, escribe Julio Blanck en Clarín.
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¿No es un exceso? ¿Hay algo que se parezca a una persecución política? ¿Por qué la Justicia actúa ahora con una contundencia que no se le conocía en años? ¿El problema surge de pronto con los cambios políticos o estaban desde años instalados en el centro del poder?
En todo caso, habría que cargar sobre la Justicia por su lentitud o indiferencia, o directamente para no verse enfrentada con el poder político de turno. En cualquier caso, es criticable. Como lo es el show montado en torno de Milagro Sala. Esta mujer se convirtió de pronto en el personaje político más relevante de este tiempo, mal que le pese al gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, que tuvo que pedir apoyo a toda la plana mayor del radicalismo, cuyos dirigentes tuvieron que viajar para respaldarlo.
Si Milagro Sala creció políticamente es porque la dirigencia política de Jujuy fue incapaz de resolver la problemática social, económica y cultural de una provincia -como tantas otras de nuestro territorio- que fue y es un feudo de los poderosos de turno. Esa dirigencia fue responsable del atraso y abandono de decenas de miles de argentinos que la clase dirigente utilizó como mano de obra barata.
Le sobraban razones a San Martín (cuándo no) -que pese a la insistencia de los caudillos- se negó sistemáticamente a involucrarse en las luchas internas, porque habría puesto en peligro la Campaña Libertadora.
Milagro Sala es producto de un feudalismo provincial atrabiliario. Muchos otros, de guantes blancos, también tendrían que estar presos, y no justificamos los atropellos, vengan de cualquier lugar. Pero los que estuvieron siempre en el poder no se llamaban Milagro Sala; fueron los que históricamente detentaron el poder.

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