de Trenque Lauquen

Marcos Carosio y su presente en el mountain bike

“En este momento no se puede inventar nada”

Como muchos otros ciclistas, tenía en mente una gran carrera, el clásico Desafío Rio Pinto, en Córdoba, competencia que se disputa siempre en los primeros días de mayo y que debió ser postergada.

Marcos Carosio es otro de los deportistas que con 39 años lleva solo casi 4 realizando de manera consciente el mountain bike (MTB) y ha sabido destacarse con el correr de las temporadas.
Viene de ganar en el duatlón que realizó el CEF 18 a comienzos de mes, la última competencia que logró realizarse en la ciudad previo a la cuarentena. Pero Carosio, como la gran mayoría de los deportistas, tenía en mente una gran carrera. Para él, y otros ciclistas de montaña, era el clásico Desafío Rio Pinto, en Córdoba, competencia que se disputa siempre en los primeros días de mayo y que debió ser postergada para el segundo semestre del año.
Carosio dialogó con este medio sobre la preparación para la cita del Pinto que había comenzado en noviembre de 2019 bajo las órdenes de su entrenador Juan Pablo Rafler, de Viedma. Lamentó la postergación y ya adelantó que será muy difícil estar presente en la nueva fecha. Además fue sincero al referirse al momento que se está viviendo y los entrenamientos que se hacen en casa. “En este momento no se puede inventar nada, solo hay que hacer algo, moverse un poco arriba del rodillo y entrenar zona media. Además nadie sabe cuándo se va a terminar la cuarentena y no tenemos ninguna carrera en vista”, comentó.

n Las lesiones y la bici
Como muchos deportistas, Marcos Carosio se subió a una bici por lesiones que le había dejado su paso por el fútbol, lesiones musculares que arriba de las dos ruedas no ha vuelto a tener. Tiene 39 años, jóvenes 39 y con menos de 4 siendo realmente competitivo. “Tuve que dejar el fútbol por lesiones y es así que por salud agarré la bici. Primero lo hice como todos, de manera recreativa, saliendo 2 o 3 veces por semana, pero desde hace un par de año ya lo hago más intenso, entrenando casi todos los días y haciéndolo de la mejor manera”, contó.
También tuvo un paso por el hockey, entrenando al primer equipo de Ferro Carril Oeste. “Tuve varios años relacionado con el hockey siendo entrenador con Ferro cuando las chicas jugaban en La Pampa, donde les daba una mano. Fueron casi 4 años con ellas, pero eso también me quitaba mucho tiempo para dedicarme a mí mismo, así que un día decidí dejar el hockey y empezar con la bici”, dijo.
Lleva menos de 4 años compitiendo en MTB y desde que está bajo el mando del “Ruso” Rafler ha intensificado sus entrenamientos y objetivos. Este año el punto más alto sería mayo, con el Desafío Rio Pinto, carrera donde iría a buscar un mejor tiempo, en su tercera participación. Para ello entrenó fuerte desde noviembre, dedicando largas horas a eso, invirtiendo tiempo y desgastando el cuerpo. “Para este año habíamos empezado una preparación larga, desde noviembre del 2019 con la pretemporada pensando en el Pinto. En enero arrancamos a tirar más fuerte, a soltar las piernas y a mediados de febrero la idea era empezar con las competencias. Teníamos varias programadas, pero solo pude hacer una en Rio Negro, que fue en pareja, y el duatlón del CEF 18”, explicó.
En el duatlón Carosio armó equipo con Alexis Morales y la suya fue la dupla vencedora. El ciclista recuerda esa competencia con alegría, ya que son pruebas que disfruta de manera distinta. “Para nosotros la distancia de 20 kilómetros es corta, estamos acostumbrados siempre a correr pruebas más largas, pero me encanta correr los duatlones y triatlones de la ciudad, me divierten mucho porque entre nosotros nos desafiamos y se vive la carrera de manera distinta. Sabía que tenía a un compañero rápido, como Alexis Morales, y que me entregó la posta con unos 200 metros de ventaja. Pero “Agus” (Agustín Álvarez) que es más joven y explosivo que yo me terminó alcanzando, así que fuimos juntos las dos vueltas. Él es un amigo y los dos sabíamos que venía desde atrás Agrazar, que es el más fuerte de todos nosotros”, señaló.
Entre ellos la amistad sigue intacta. Compiten y entrenan juntos. “Nos divertimos muchos juntos en este tipo de careras, donde está la gente de la ciudad y nosotros la vivimos de otra manera. Es diferente a cuando vamos a las carreras de MTB donde el nerviosismo es otro y las pulsaciones están a mil”, afirma.

n Sin el Pinto
“Es la carrera que uno desea hacer y la piensa todo el año. Que no se haga te da un poco de bronca, porque lleva mucho tiempo de preparación, no solo se invierte dinero sino tiempo que se pasa lejos de la familia”, explicó el ciclista sobre el Pinto, resaltando: “Es la carrera más grande de Sudamérica, tiene mucha convocatoria y los ciclistas más importantes están presentes. Nosotros habíamos hecho ya un gran entrenamiento pero se postergó para el segundo semestre y me es imposible hacerla”.
Éste sería su tercer Pinto. Y Carosio recuerda cómo fue su debut. “Fue un momento increíble porque la pude correr casi toda con un amigo como es Jonatan Agrazar. Fue un año tremendo, ya cuando viajamos y llegamos a La Cumbre, que es un pueblo en Córdoba que tiene unos 5.000 habitantes y con la carrera ese número se triplica, se vive un gran ambiente. Fue emocionante llegar a la meta con un amigo, con lagrimas en los ojos, porque uno le dedica muchas horas y se sacrifica mucho para cumplir con estos desafíos”, destaca.
La del Rio Pinto es una carrera larga de más de 80 kilómetros, pero que tiene una dificultad mayor que la misma distancia. Zonas de piedras, bajadas riesgosas, y una cuota de suerte siempre es buena para el ciclista ya que “suele ocurrir que uno pinche o reviente una cámara, o tener una caída”. “En mí largada éramos 700 ciclistas, si te caes se te termina todo muy rápido”, marca el local.
Año a año Trenque Lauquen cuenta siempre con un grupo grande de corredores, de diferente niveles y objetivos, pero con una meta clara, la de cumplir con el desafío de llegar a meta.

n Un día en la vida
Carosio sabe que ahora es tiempo de cuidarse y de aceptar el presente. “En este momento no se puede inventar nada, solo hay que hacer algo, moverse un poco arriba del rodillo y entrenar zona media. Además nadie sabe cuándo se va a terminar la cuarentena y no tenemos ninguna carrera en vista”, dice.
Con Rafler mantiene un contacto diario a distancia. “Es como si estuviera acá, es un contacto de todos los días gracias a la tecnología y en estos días él hace unas clases por Facebook que la seguimos. Pero ahora las carreras han quedado de lado, no hay ningún calendario y solo tenemos que cuidarnos”, sostiene el ciclista que extraña esas jornadas intensas de entrenamiento y añade: “Para nosotros las semanas varían según la carrera que tengamos más próxima. Pero lo normal es una semana de 4 días intensos, con uno de descanso. Si se corre el domingo se descansa el sábado, sino se hace un fondo largo, de unas 3h30’, no mucho más que eso porque mi trabajo no me lo permite. Yo suelo hacer un fondo que va de los 80 a 100 kilómetros, pero no puedo hacer más porque no me da el tiempo para luego volver a trabajar. Estos entrenamientos se hacen siempre por tierra, si el clima lo permite, y si no se hace con la bici de ruta. Además de los días que hacemos pasadas, cambios de ritmos intensos, y el día de regenerativo donde descansamos arriba de la bici durante un rodaje de 1 hora, pero para nosotros un día normal es de no menos de 2 horas de entrenamiento”.
Por último el entrevistado contó sobre su contacto con el ciclismo de ruta: “Todavía no he competido y no se si lo haré. Creo que lo que hacemos nosotros (por el MTB) es otra cosa. En Trenque Lauquen hay corredores muy buenos, como Marcos y Javier Lobosco en ruta y pista. Sin dudas es un asunto pendiente, pero no sé cuando lo haré”.

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