de Trenque Lauquen

Nuestros pueblos, nuestras historias

Casey, un paraje que tuvo una segunda oportunidad

En el partido de Guaminí. En la década del 70 levantaron el FFCC y fue su sentencia. En 1992 crearon el CEPT Nro. 6 que tiene 100 alumnos y le dio vida a una comunidad que hoy integran sólo 3 ó 4 familias y que resisten con la identidad de su pueblo.

En el paraje Casey, del partido de Guaminí, es imposible pensar el presente o el futuro sin la escuela, sin el CEPT que se creó hace más de 25 años y le dio un impulso a una población a punto de extinguirse por aquel entonces. Aún hoy no le sobran habitantes estables, pero sí una gran comunidad educativa que va y viene permanentemente que gira sobre el eje de ese establecimiento que es el corazón que late aún en el viejo paraje guaminense.
No hay muchos registros de Casey. No es fácil reconstruir su historia. Nunca alcanzó a desarrollarse como un pueblo, no trascendió de un paraje pero anclado en un lugar estratégico cuando la Argentina era el granero del mundo y por ese lugar se calcula que transitaban unas 400 personas frecuentemente para los embarques en la estación del ferrocarril de la producción de dos estancias muy grandes que había en el lugar y con mucha historia.
Pero de aquellos años no queda nada, ni la estación que fue reformada a nueva para que funcione la escuela. Tampoco quedó el viejo almacén de ramos generales, y sólo habitan como pobladores estables unas 3 ó 4 familias, dedicadas a alguna producción vinculada al agro.
Los pobladores más antiguos son los Alvarez. En el patio de su casa, en el juego de jardín de cemento con azulejos, nos recibe Jorge y su esposa Susana Gori, ella es empleada del CEPT como auxiliar. El hace 60 años que vive en Casey un récord que lo convierte en el más veterano de la comunidad de la que dice no se irá más.
Es tanto el sentimiento que en las primeras palabras Jorge se emociona “porque esto es mi vida” dice. Llegó a los 6 años proveniente de Garré porque su padre era uno de los encargados de las estancias tradicionales de Casey y no se fue más. “Para mi esta comunidad es mi vida, aunque claro era otra cosa antes. Hace 60 años había otro medio de vida, estaba la estación, andaba el ferrocarril, había más gente, no tenía el adelanto que hay hoy. Al dejar de funcionar el Ferrocarril, comenzó a decaer el pueblo”. Eso fue a mediados de la década del 70, cuando en el paraje vivían unas 30 familias de las que no quedaron casi ninguna.
“Antes no había tecnología entonces había mano de obra todo el tiempo, se hacía el embolsado de cosechas y venían cuadrillas para trabajar de Bonifacio, Garré y Casbas”, ahora eso no existe.

Desde la escuela
Sergio López es el director del CEPT, la institución que como dijimos es el corazón del paraje. “En este lugar circulaban unas 400 personas hace muchos años, cuando se detuvo el tren la situación cambió. El gran impulso se lo dio la escuela que se creó en 1992 y entre otras cosas trajo la electrificación rural porque aquí no había”, dijo López.
El CEPT tiene casi 100 alumnos provenientes de distintos lugares de la región y un régimen en el que los chicos durante dos semanas viven en el lugar y las otras dos semanas, los profesores visitan sus familias porque se trata de una educación en producción agropecuaria. También gracias al CEPT se dictó la primaria y secundaria para adultos para toda la comunidad rural cercana, fue un déficit que notaron allá en 1992 cuando llegaron y lograron completar el circuito.
También en el paraje hay un jardín de infantes y una escuela primaria, es decir que a pesar de la magnitud reducida la comunidad cuenta con toda la oferta educativa.
“El pilar del CEPT es la movilidad de la comunidad rural y ayuda a la producción de las familias” dice López que 26 años que está en el lugar y remarca la decisión estratégica de las autoridades de aquel entonces de crear esta oferta educativa en ese lugar que le dio una nueva oportunidad a Casey.
Futuro
Ahora volvemos al patio de los Alvarez. Es un día de visita familiar, sus hijos han venido de Casbas y Carhué y con ellos sus nietos. “La escuela –dice Susana- emplea a más de 20 personas, le da vida al pueblo y genera un gran movimiento porque los chicos vienen hasta de Daireaux y cerca de Trenque Lauquen”.
Gracias a la escuela, el predio ferrovario se volvió a utilizar a diferencia de otros parajes donde no queda nada, acá se usan los galpones para la producción de la escuela que tiene vacas, huertas y distintas actividades vinculadas a la producción primaria, y la vieja estación es un lugar aulas y residencias.
López cuenta de las historias de las estancias cercanas, las que empleaban a mucha gente, cuenta historias interesantes que encierran estos poblados. Pero ya es tarde, es octubre pero hay viento y los caminos polvorientos se hacen intransitables, antes de partir nos detenemos en la esquina que fue la almacén de ramos generales, de Carro y Fernández, aún sus apellidos están grabados en la cornisa de cemento, es el único que queda de ese comercio que dicen fue el centro de la vida cotidiana del poblado que soñó en grande y casi desapareció. Ahora tuvo una segunda oportunidad.

Quién fue Casey
Cuenta la historia que en 1904 se promulgó una ley de ferrocarriles agrícolas y económicos con la intención de extender las vías. El 16 de septiembre de ese año se obtuvo la concesión para explotar la trocha angosta con una extensión de 536 kms partiendo de Puente Alsina y el ideólogo fue Eduardo Casey, fundador de Venado Tuerto y Pigüé, accionista del FFCC, miembro distinguido del Jockey Club y la Sociedad Rural y con ansias de ser presidente de la Nación que fueron desechadas por el roquismo.
Casey fue quien gestionó las entregas de tierras para el tendido férreo y cuando el tren llegó a esa zona de Guaminí, se decidió en 1911 crear un poblado con el nombre de Casey en homenaje a quien impulsaba el servicio.

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