de Trenque Lauquen

Historia y presente del servicio

Alumbrado público, el desafío de bajar el consumo y lograr iluminación más eficiente

Con datos de los últimos dos años y medio se puede ver la evolución del gasto y el enorme esfuerzo que debe hacerse sólo para mantener el consumo eléctrico: en cifras redondas, 8.370.000 pesos en 2016; 16.400.000 pesos en 2017; y 19.100.000 en lo que transcurrió de 2018.

El alumbrado público de Trenque Lauquen ha transitado, transita todavía y seguirá haciéndolo, por un proceso de cambios y de desarrollo que, como es lógico, impactan en la comunidad, transformando su estructura urbanística y también la dinámica económica y productiva de la población.
Conseguir un “buen alumbrado” no se limita al simplismo de poner más lámparas. Es algo más complejo que depende de alcanzar un equilibrio entre un alumbrado que aporte los beneficios para el que fue ideado, pero también se traduzca en un eficaz consumo energético, demande una aceptable inversión inicial y represente un mínimo impacto ambiental.
Hoy el alumbrado público instalado en las distintas calles, plazas parques y accesos de la ciudad cabecera del distrito consta de 2.763 columnas altas, 5.987 luminarias peatonales (chupetines) y 819 LED, con un consumo energético anual de más de 7.000.000 kw.h (más precisamente 7.027.463 Kw.h durante 2017), número que equivale a casi 6% de la energía total vendida el año pasado por la Cooperativa de Electricidad.
Si ese consumo eléctrico se mide en pesos y se analiza lo sucedido en los últimos dos años y medio podrá verse en forma clara la evolución del gasto y el enorme esfuerzo que debe hacerse sólo para mantener el consumo eléctrico: en cifras redondas, 8.370.000 pesos en 2016; 16.400.000 pesos en 2017; y 19.100.000 en lo que transcurrió de 2018. Eso, sin incluir los gastos por recambios, reparaciones y mantenimientos propios del sistema.

n Desafío
El gran desafío por delante, entonces, es tratar de bajar el consumo energético y lograr que la iluminación sea cada vez más eficiente. Y es por eso que los nuevos sistemas de iluminación se conciben a partir de criterios en donde los niveles de luminancia tienen una mayor ponderación que el de la potencia instalada.
“Los cambios también siempre traen aparejado otro tipo de problemáticas, y es allí donde se asientan los nuevos retos, y nuestro compromiso de trabajo, poniendo de manifiesto también como funcionarios la necesidad de plantear a la comunidad los temas que hacen al funcionamiento del servicio, información que les permitirá a los vecinos tener una real visión de los resultados y de las múltiples experiencias de gestión, tanto desde lo operativo como desde lo fiscal”, dice el ingeniero Adhemar Enrietti, subsecretario de Servicios Públicos del municipio.
“Y es acá –remarca el funcionario-, donde quiero detenerme un poco para poder explicar algo que nos está ocurriendo y que pone en contraste conceptos vertidos previamente. Por un lado y desde hace muchos años, en la medida que la modernidad tecnológica crece, nos hemos ido acostumbrando cada vez más a tener un mayor nivel de luminancia, supongo que por cuestiones de seguridad y por la necesidad de imitar los beneficios que nos trae la luz del día, pero el mayor inconveniente radica en que esa mayor iluminación, presupone un mayor gasto de energía y, por consiguiente, un mayor impacto en el desarrollo sustentable del ambiente, como así también en lo que hace a los bolsillos de todos nosotros, los vecinos”.

n Alta inversión inicial
Si bien en la actualidad la lámpara tipo LED, que es la que se está incorporando, brinda ventajas como: ahorro energético máximo en el sistema de alumbrado público, menor costo de mantenimiento, aumento en la percepción de seguridad y confort, al mejorar la calidad de la iluminación, uniformidad de niveles de luminancia por cuadra, una mayor vida útil de la luminaria, un mayor o mejor nivel de luminancia expresada en lux/wat y también un ahorro final de energía de casi un 40%, continúa manteniendo una barrera muy difícil de superar.
“Afrontar la muy alta inversión inicial, con un acotado presupuesto local y teniendo en cuenta las restricciones presupuestarias que no permiten un endeudamiento a largo plazo, se está transformando en un gran desafío que, sin lugar a dudas, será fruto de una labor que nos lleve muchos años más de profundos debates, trabajo y compromiso”, reflexiona y vaticina Enrietti.
El desarrollo del alumbrado comenzó con el recambio de las luminarias incandescentes por las de vapor de mercurio, repasa el subsecretario de Servicios Públicos, y después evolucionó a lámparas de gas de sodio, que aunque tenían menor capacidad cromática -son de un color medio amarillo verdoso) daban una mayor eficacia energética que las de vapor de mercurio.
“Esta cuestión técnica, sumada a una necesidad económica de reducir la potencia eléctrica del sistema que seguía creciendo, llevó a bajar la potencia de cada luminaria, pasando de lámparas de vapor de mercurio de 400 watts a lámparas de sodio de alta presión de 250 watts”, precisa.
Y más acá en el tiempo, el sistema adoptado por la comunidad para iluminar la vía pública fue el de las luminarias del tipo peatonal, vulgarmente “chupetines”, debido a su peculiar forma.
Los “chupetines” presentan “una mejor luminancia media y ornamentalmente resultan ser más atractivos” que las tres luminarias por cuadra instaladas sobre las típicas columnas altas -usadas para el alumbrado público de casi todo el planeta-, reconoce Enrietti, pero señala que “tienen la desventaja de comprometer en más de tres veces más, el consumo de energía”.

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