de Trenque Lauquen
Domingo 27 de Septiembre de 2020

Homenaje y reconocimiento a Zabala y Cabrera

A los maratonistas, en su día

El 7 de Agosto es el Día del Maratonista Argentino. Juan Carlos Zabala y Delfo Cabrera, los santafesinos que ganaron oro en los Juegos Olímpicos.

Juan Carlos Zabala, en Los Ángeles, en 1932, y Delfo Cabrera, en Londres, en 1948, ganaron un mismo día la maratón olímpica.

Son santafesinos y vencieron a los ingleses. Para los argentinos, un día como hoy, un 7 de agosto, revoca a epopeyas olímpicas: por eso, hoy es el Día del Maratonista Argentino.

Y Trenque Lauquen tiene a varios exponentes en esa mítica distancia, esos que se animan a desafiar a la distancia madre del atletismo: los 42,195 kilómetros, cada uno a su ritmo, cada uno con su estilo, una, dos o hasta tres veces en un mismo año, llevando al cuerpo a límites de dolor que solo el maratonista sabe, conoce, sufre y disfruta. Cruzar la línea de salida, cargado de emociones, transitar mentalmente y físicamente cada uno de los interminables kilómetros, enfrentarse al tan temido “muro” pasando la barrera de los 33 kilómetros y afrontar, con dientes apretados, los metros finales para cruzar la línea de meta. Una montaña rusa de emociones que solo el maratonista conoce.

Paola Griffa y Andrea Changazzo saben lo que es ganar en 42k, ambas triunfaron en el Maratón A Pampa Traviesa; Marcos Gómez Kistner tiene una de las mejores marcas; Eladio Helguera con su experiencia se animó a esta distancia ya de grande; Pamela Araneo subió a un podio y Favio Robredo desafía limites, con sus 18 maratones disputadas y el serio objetivo de “seguir haciendo unas dos por año, o sino una, pero seguir corriendo”.

“Es una locura”

Como lo dice el poema de Marciano Duran “Esos locos que corren”, ser parte de un maratón tiene algo, o mucho, de locura. Favio Robredo es uno de los que más ha corrido, uno de esos “locos que corren”; “La sensación de correr una maratón, un 42 kilómetros, es una locura. El debut se te hace interminable y solo el que ha corrido conoce esa sensación. Cuando uno termina no hay emoción más linda, disfrutar de la distancia, de ir corriendo con tanta gente, el ambiente, me acuerdo de mi última maratón en Buenos Aires ir por el kilómetro 39 o 40, por la autopista y disfrutar de esos últimos metros, es una locura. He corrido todo tipo de distancia pero a los 42k no hay con qué darle, no hay otra distancia mejor. Este año pensaba correr en La Pampa y Rosario para así llegar a mis 20 maratones, pero no podrá ser. Mi idea es seguir trotando todos los días mis 10 kilómetros y poder hacer unas dos maratones por año, o una, lo que sea, pero vamos a seguir corriendo”, señala.

Por su parte Eladio Helguera se refirió al atletismo como “una forma de vida” y a los 42 kilómetros contando: “yo era uno de los que decía que estaban locos los que corren esa distancia”.

Helguera es uno de los más experimentados de la ciudad. “Hace una banda de años que corro y siempre digo que el día que no pueda correr más es el día que me vaya de este mundo. Es mi forma de vida, no hay día que no salga a trotar un poco. En cuanto al Maratón, a esa distancia mítica, nunca la había corrido y siempre decía que estaban locos, hasta que me animé y la corrí, y quizás fue la que más disfruté. Es una distancia que te da tiempo a todo, a aflojar si venís mal, a pensar en la familia, en los entrenamientos, a preguntarte qué estás haciendo. El Maratón es algo que tenés que sentirlo y llevarlo bien adentro”, afirma.

Una forma de vida

El profesor y atleta Marcos Gómez Kistner, quien ostenta una de las mejores marcas locales en la distancia, resumió su experiencia con el atletismo diciendo: “Personalmente esta disciplina sería casi todo en mi vida. Desde mi despertar para hacer el entrenamiento diario, hasta mi profesión dedicándole la mayoría de las horas dando clases a mis alumnos y perfeccionándome a través del estudio. Siento que soy un afortunado en poder dedicarme a lo que me apasiona, lo digo como atleta o maratonista y como profesor, nutriéndose una cosa de la otra. Además, gran parte de mi familia está implicada en esta disciplina acompañándome. Es mucho más que un deporte, es el estilo de vida que elegí para mí”.

Para Pamela Areno el atletismo le dio un nuevo sentido a su vida. “Significa mucho para mí porque fue lo único que pudo dar un vuelco en mi vida, este deporte le dio sentido a mi vida. Me dejó dejar cosas que no podía salir y por momentos llena ese vacío que tanto me cuesta superar. Cuando empecé a correr corría carreras cortas. Me encantaban porque terminaban enseguida, era como que me sacaba un poco la furia que tenía adentro y disfrutaba eso. Cuando corrí mi primer Maratón sentí otro cosa, me enseñó a hacer paciente, a pensar, y es algo que me cuesta porque soy muy ansiosa. El deporte ayudó a que mí vida sea más linda”, afirma.

Dos historias

En Los Ángeles 1932, en ese EEUU que salía de una crisis económica, un tal Juan Carlos Zabala (55 kilos y 1,52m de estatura) había prometido tiempo antes: “O gano la maratón olímpica o me sacan en camilla”.

Durante 30 kilómetros, Zabala se mantuvo a la vanguardia de los 22 corredores de la competencia, por momentos recibía ataques del mexicano Baños o de los finlandeses, que históricamente han sido buenos fondistas. Pero a cuatro kilómetros de la llegada tomó la punta y comenzó a despegarse. Así, el “Ñandú Criollo”, como lo apodaron en el diario Crítica, entró al Coliseum, donde 80.000 personas vieron cómo el británico Sam Ferris intentaba alcanzar a Zabala, quien lograba el oro tras recorrer 42.195 metros con nuevo récord mundial: 2h31m36s.

Una anécdota cuenta que cuando cruzó la meta de llegada (19 segundos delante de Ferris) el boxeador Carmelo Robledo le lanzó una bandera con el mástil hecho con un caño de metal que no pudo ser “atajado” por el Ñandú, le dio en la cabeza y cayó en la pista. Había apostado 500 dólares a su triunfo y se pagó 20 a 1. “Zabalita” obtuvo su premio extra.

En 1948, en Londres, 16 años después (tras los Juegos de 1936 y la suspensión por la Segunda Guerra Mundial), Delfo Cabrera sería el segundo argentino en conseguir el oro en la maratón olímpica. Ese 7 de agosto corrió en 2h34m51s y también, por coincidencia, fue un británico el que quedó segundo (Richards). El mendocino, Eusebio Guíñez, también protagonista de la carrera, terminó en el 5º lugar.

Zabala, que nació en Rosario el 21/9/1912 y murió el 24/1/1983, en San Isidro, Buenos Aires, fue el único argentino en establecer récords mundiales en maratón y en los 10 mil metros. En una gira europea ganó 29 de las 30 competencias en las que participó.

Por su parte, Cabrera nació el 2/4/1919 en Armstrong, Santa Fe, y murió el 2/8/1981 en Alberdi, Buenos Aires.

Los dos nacieron en la provincia de Santa Fe y murieron en Buenos Aires, los dos llegaron al pedestal olímpico. Ambos tuvieron la mayor gloria deportiva un 7 de agosto, superando a británicos. Coincidencias de dos grandes campeones, los únicos oros argentinos en atletismo de la historia.

Para los argentinos, un día como hoy, un 7 de agosto, revoca a epopeyas olímpicas: por eso, hoy es el Día del Maratonista Argentino.

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